Hágales frente, Gobernador Romney

Mitt Romney dejó pasar una oportunidad de oro la semana pasada para estrechar sus lazos con la comunidad latina demostrando que no tiene una dura posición anti-inmigración. La desperdició totalmente. No, no me estoy refiriendo a su discurso en la cumbre económica anual de la Coalición Latina. En esa ocasión, Romney presentó su visión sobre nuestras escuelas públicas, expresó a un público de grandes gastadores latinos “Los amo”, y les pidió su voto, sin mencionar ni una vez el asunto de la inmigración.

Romney recibió críticas por saltearse el tema de la inmigración porque algunos habían considerado el discurso como la oportunidad perfecta para clarificar una monstruosa metedura que pende sobre su cabeza desde principios de mayo. En aquel momento –un mes y medio después de que un alto asesor de Romney implicara que, una vez que se concluyeran las primarias, el candidato reacomodaría sus posturas conservadoras para la contienda del otoño– su directora de extensión hispana se equivocó al admitir ante un reportero que ella no sabía si Romney iba a Etch A Sketch (hacer borrón y cuenta nueva) con respecto a su posición sobre la inmigración.

“Creo que como candidato, según tengo entendido, que él aún está decidiendo cuál es su posición con respecto a la inmigración”, dijo ella. Eso causó la cólera de todos los que tomaron a Romney al pie de la letra cuando dijo que se oponía a la Ley DREAM, que él pensaba que la ley migratoria de Arizona era un buen modelo para la nación, y que él desea que la inmigración ilegal se resuelva sola, mediante la auto-deportación.

Una encuesta tras otra de electores latinos refuerza el hecho de que la inmigración no es la principal inquietud de los hispanos para el día de las elecciones –la economía, los puestos de trabajo y la educación son, de lejos, las principales preocupaciones y, según esos índices, el discurso de Romney ganó muchos puntos. Se limitó a esos temas mientras honraba a su público revelando a la nación sus primeros pensamientos sobre un importante asunto de la campaña.

Así es que, no, ésa no es la oportunidad perdida. La oportunidad perdida ocurrió un día después, cuando empezó a correr la noticia de que el representante Steve King, republicano por Iowa, había equiparado a los inmigrantes con perros, durante un discurso de su campaña.

Conocido por su propuesta de ley para acabar con la ciudadanía por nacimiento y sus comentarios de 2010, en los que sugirió que puede entrenarse a los agentes de seguridad para determinar quién es un inmigrante ilegal por su ropa y aseo.

Sus comentarios deshumanizantes son sólo los últimos en una larga serie de instancias en que políticos de la extrema derecha han equiparado a los inmigrantes con formas de vida menores.

King sugirió en 2006 que una cerca electrificada en la frontera desalentaría a los inmigrantes ilegales de la misma manera en que dichas cercas frenan con éxito al ganado. En 2010, el representante de Tennessee, Curry Todd, dijo que las leyes de ciudadanía de Estados Unidos permiten que inmigrantes ilegales que están embarazadas “vayan por ahí como ratas y se multipliquen”. En 2011, el representante de Kansas, Virgil Peck, dijo que debería dispararse a los inmigrantes ilegales desde helicópteros.

El hecho es que aunque es cierto que la inmigración no es el tema más importante para los hispanos, el tono hostil que la rodea enfurece y daña a todos los latinos, independientemente de su categoría migratoria o afiliación política.

Enfrentar a la extrema derecha al condenar un lenguaje tan despreciativo le hubiera ganado a Romney algo de respeto de los latinos, que creen que tanto él como el Partido Republicano los odian. Y hubiera demostrado el tipo de liderazgo que todos los electores anhelan.

Pero no todo está perdido –no es que Romney no vaya a tener más oportunidades para tomar la iniciativa. Es sólo cuestión de tiempo antes de que el siguiente político malhablado dé a comprender que él cree que los inmigrantes ilegales son menos que humanos.