Compromiso con la educación universitaria

Cuando estaba creciendo, en mi casa no se hablaba de ir a la “universidad” como si fuese una opción. Al contrario, siempre se vio como un hecho. Que terminara la secundaria y continuara mis estudios era algo que yo ansiaba, y que mis padres soñaban e hicieron realidad.

Mi historia, por supuesto, no es única. La mía es una experiencia muy puertorriqueña y latina, una a la que no siempre le damos la atención, el énfasis y la solemnidad que merece. Por eso me causó mucha emoción saber que el 55 Día Nacional del Desfile Puertorriqueño ha sido dedicado a la educación superior.

Los boricuas tienen una larga y rica tradición de amor por el aprendizaje y búsqueda de la educación – desde aquellos trabajadores puertorriqueños que reunían dinero para pagarles a lectores que les leyeran literatura y noticias políticas, hasta los movimientos sociales que conllevaron a la creación de instituciones como el Hostos Community College y el Centro de Estudios Puertorriqueños.

Los frutos de esa visión –de fortalecer a nuestros hijos e hijas a través del conocimiento– son siempre evidentes: Nos regocijamos cuando el mes pasado la jueza Sonia Sotomayor regresó a la ciudad para dar un discurso de graduación en el estadio de los Yankees ante los titulados de la Universidad de Nueva York. Aplaudimos cuando Herminio Torres terminó primero de su clase en Hostos College. Y nos llenamos de alegría cuando Quiara Alegría Hudes ganó el Premio Pulitzer al mejor drama del año.

Tenemos un largo camino por recorrer. Muchos de nuestros jóvenes ni siquiera se están graduando de la escuela secundaria, mientras demasiados intereses mantienen viejos patrones en el sistema educativo, en lugar de enfocarnos en atender las necesidades de nuestros muchachos cuando aún hay tiempo para ayudarlos, no cuando ya es muy tarde.

Eso significa que debemos usar nuestro orgullo cultural y resistencia colectiva para exigir los mejores recursos para nuestros hijos, porque ellos también poseen el potencial de convertirse en una Sonia, Herminio o Quiara.