Eugenio María de Hostos: un puertorriqueño universal

” El niño es la promesa del hombre, el hombre la esperanza de alguna parte de la humanidad”, escribió Eugenio María de Hostos, y este puertorriqueño universal predicó con el ejemplo dejando su legado de esperanza no sólo en su tierra natal sino en todos los lugares que visitó a lo largo de una vida de lucha por la libertad, la igualdad y el bien común.

Nacido en Mayagüez, Puerto Rico, un 11 de enero de 1839, Eugenio María de Hostos y Bonilla fue un intelectual, educador, filósofo, libertador, sociólogo y escritor puertorriqueño. Se le ha llamado el Ciudadano de América por haber entregado su existencia a la lucha por la emancipación de su patria, la unidad de las Antillas y de América Latina.

Su causa libertaria a favor de Puerto Rico y las Antillas la inició en España, luego emigró a París desde donde viajó a Nueva York para participar de la Junta Revolucionaria de Cuba, que comenzaba a reclamar la independencia de la isla. Dos años estuvo Hostos en Nueva York trabajando arduamente por la causa independentista.

En su tercera década de vida, emprendió en 1871 un viaje a Sudamérica, convencido que la independencia de Puerto Rico y Cuba debía contar con el apoyo de las emergentes repúblicas latinoamericanas.

Cuatro años duraría este recorrido por Perú, Argentina, Colombia, Brasil y Chile, donde aprendió y también influyó con maestría en el debate intelectual local a través de varios y destacados aportes: baste con señalar la campaña a favor de los trabajadores ferroviarios chinos en el Perú, el empuje al Ferrocarril Trasandino en Argentina o el definitivo impulso a la educación científica de las mujeres en Chile, además de centenares de discursos y artículos que publicó en los medios escritos de estas naciones.

En 1875, desde República Dominicana, trabajaría arduamente por la liberación e instauración de una República para las Antillas, tarea que continuaría con su regreso a Nueva York en 1876, desde donde marcharía posteriormente a Caracas, Venezuela, para así comenzar a desentrañar uno de los aportes más significativos de su investigación y trabajo en pedagogía, iniciando en este punto de su vida, ya casi un cuarentón, su suprema y resaltada labor magisterial.

Al término de “la guerra de diez años” por la independencia de Cuba, Hostos decide trasladarse a la República Dominicana, donde desarrolla el proyecto de Ley de Escuelas Normales y se le concede la dirección de la Escuela Normal de Santo Domingo en 1880. El éxito contundente de esta experiencia y sus innumerables aportes desde las cátedras de Derecho Penal, Constitucional e Internacional y de Economía Política en el Instituto Profesional de Santo Domingo, más sus innumerables publicaciones y artículos le valieron para “echar raíces” en esta República.

Eugenio María de Hostos murió en República Dominicana a la edad de 64 años. Su cuerpo está enterrado en el Panteón de los Héroes Nacionales en Santo Domingo, siendo el único puertorriqueño en estar ahí. Su último deseo fue morir en Santo Domingo y que fuese llevado a Puerto Rico cuando su patria fuese libre.