Pedernales, ojo de buey

Bendición Abuelas y Abuelos…

No sé por qué, pero esta semana me ha llamado la atención la palabra ‘pedernales’. Cuando el oído de repente se da cuenta de una palabra que oye mencionar más a menudo de lo habitual, quizás vale la pena pausar y meditar sobre ella.

Mi cooperativa de electricidad se llama Pedernales. En la República Dominicana, Puerto Rico, Chile, Venezuela, Ecuador y España hay lugares con el mismo nombre. También hay un tributario tocaya en Texas, llamado así desde el siglo 18 por las piedras de sílex características del cauce de dicho río. Estas son las piedras que producen chispas para fuego y se utilizan para hacer puntas de flecha. Tal vez es por este segundo uso que me engancha la palabra ‘pedernales’: puntería, enfoque, la diana.

Últimamente, cuando leo las noticias me pongo bizca. Que si uno se come a otro. Que si tal líder masacra a su mismo pueblo. Que si un niño se suicida después de haber sido hostigado. Que si el presidente dice ésto o lo otro. Ya ni sé por dónde mirar, qué escribir. ¿Qué se puede aún ver o decir dentro de en una habitación oscura y llena de gritos? La única salida parece ser aquel puntito de luz que corta a través de la puerta cerrada-¿pero cuales pedernales ayudarán a uno llegar al blanco, más allá de la multitud y de tanto ruido?

Y sea que uno se mueva hacia la derecha o hacia la izquierda, ya sea que grite hacia arriba o hacia abajo, uno sigue atrapado. Al fin, lo único que queda es no moverse, dejar de mirar la puerta, no decir nada, ni la palabra ‘pedernales’. Es más, cerrar los ojos como hace el arquero antes de disparar su flecha. Imaginarse el punto de luz en la oscuridad detrás de los párpados y sentir el silencio en las curvas de la cóclea del oído.

En este centro se desaparece la mente y el mundo se detiene.