Expandilleros detienen ola de violencia

Parecía inminente un ataque de represalia por la muerte de un bebé en Watts

Pandilleros latinos habrían tomado venganza en contra de rivales afroamericanos tras el asesinato del niño Ángel Cortez Nava, de no ser por la intervención de expandilleros que han trabajado de cerca con las autoridades para frenar la violencia callejera.

La tarde del lunes Mauro Cortez caminaba por una calle de Watts con su hijo Ángel en brazos cuando un supuesto pandillero de origen afroamericano a bordo de una bicicleta le empezó a disparar. Una de las balas perforó el cuerpo del niño.

El ataque al parecer se dio porque Mauro Cortez vestía una camiseta morada, un color que se ha vuelto peligroso en esa zona de la ciudad donde existe una rivalidad entre la pandilla de afroamericanos Fudgetown y el Barrio Grape Street, que utiliza ese color para distinguirse.

Los ataques en represalia por el asesinato del bebé parecían inminentes, sin embargo expandilleros, como los que este viernes se graduaron de la Academia LAVITA (Los Ángeles Violence Intervention Training Academy) son los que han hecho posible que la violencia no se desate en Watts.

Guillermo Aguilar es uno de los 23 graduados que ayer completaron las 140 horas de entrenamiento para intervenir ante pandilleros como parte de un programa que lleva a cabo Advancement Project en colaboración con la ciudad de Los Ángeles.

“Mi trabajo es ir a las calles, a las escuelas, con las familias, para ofrecerles los recursos de cómo puede cambiar sus vidas”, dijo Aguilar.

Como expandillero, Aguilar ha tenido la oportunidad de ofrecer consejos a los jóvenes durante más de dos años a través de su iglesia.

“Pero ahora con este entrenamiento, me han dado más herramientas para ser más efectivo en las calles, poder asistir en los jóvenes que están en necesidad, aprendí cuestiones legales para ayudar a los jóvenes”, comentó tras recibir su certificado de la Academia LAVITA.

En la ceremonia de graduación, realizada la mañana de ayer en USC, estuvo presente el jefe de policía Charlie Beck, el alcalde Antonio Villaraigosa y el supervisores Mark Ridley-Thomas, quienes coincidieron que este tipo de programas de intervención de pandillas previenen la violencia en los barrios.

“Deben estar extraordinariamente orgullosos por lo que han logrado y por lo que van a hacer, porque es muy importante para frenar la violencia en las comunidades y por los niños”, dijo Beck al recordar el asesinato del pequeño Ángel Cortez.

“Fue un asesinato sin razón”, mencionó. “Se están matando por territorio que es común, por cosas que no tienen sentido para mí. Todavía tenemos un largo camino por recorrer, pero estamos progresando”.

El alcalde Villaraigosa aseguró que la ciudad está comprometida en destinar recursos para que este tipo de programas de intervención de pandillas continúen.

“Necesitamos demostrar que al invertir en estos programas hay progreso, y lo que ustedes están haciendo es importante”, les dijo a los graduados.

La Academia LAVITA es única en su tipo y es desarrollada por la organización Advancement Project que encabeza la activista Connie Rice.

A través de este programa se ofrece entrenamiento a interventores de pandillas para prevenir la violencia y represalias cuando existe tensión entre grupos rivales.

“Los graduados tienen la capacidad de ir a las comunidades para prevenir la violencia, las represalias y realmente ayudan a quienes están en las pandillas, para darles una opción de salir de las pandillas y que las comunidades estén seguras”, comentó Maribel Meza, analista de políticas de Advancement Project.

La de ayer fue la quinta generación de graduados, con lo que suma en dos años y medio más de cien interventores de pandillas capacitados.

“Ellos son un grupo de personas que está asegurando la paz en las comunidades con más altos niveles de violencia”, agregó Meza. “La mayoría de los graduados son expandilleros que han cambiado su vida para trabajar por la paz”.