Disparates del seguro médico

La Corte Suprema ha concedido que la reforma del sistema de seguro médico, la que garantiza cobertura para millones de americanos sin protección, respeta la constitución. Washington ha producido algo sensible. ¡Que milagro!

Pero tampoco quiero exagerar, porque fue el resultado de un disparate tras otro.

El primer disparate es que hasta este momento los EE.UU. ha sido uno de los únicos países ricos sin cobertura universal.

Es cierto que Medicare y Medicaid cubren a los pobres y ancianos. Pero son programas imperfectos que han dejado a más de 40 millones de americanos sin seguro médico.

Mejor hubiera sido un sistema nacional, pagado por el gobierno y financiado por impuestos.

Pero esa fórmula, tan común en otros países, hubiera sido revolucionario en los EE.UU. Por lo tanto, Obama tuvo que optar por un segundo disparate: una ley obligándole a cada americano a comprar cobertura de una aseguradora privada o pagar una multa.

Entonces vino el contraataque, y este fue el tercer disparate. Los enemigos de la nueva ley insistieron en que la Corte Suprema la revisara para decidir si violaba la Constitución. Pero en vez de ofrecernos un argumento sincero – que de alguna forma la cobertura universal es anti-constitucional– argumentaron que la obligación de comprar cobertura medica constituye una regulación federal del comercio entre los estados, algo prohibido bajo la constitución. ¿Y eso que tiene que ver con el seguro medico?

El disparate final fue que la mayoría de la Corte estuvo de acuerdo con este argumento. Pero el jefe de la Corte, John Roberts, también mantuvo que la obligación se debería interpretar como un impuesto y, por lo tanto, permisible.

El resultado es una importante reforma del sistema. Pero hay mejores formas de reformar al país.