La campaña de Romney

La falta de especificidad perjudica las posibilidades de Romney.
Sigue a El Diario NY en Facebook

Elecciones

¿Podría ser que Mitt Romney está en lo correcto desde el punto de vista estratégico cuando nos dice poco sobre lo que él haría como presidente?

Hay, por supuesto, excelentes razones cívicas para que un candidato diga hacia donde él o ella llevaría al país. Pero el encarnizado debate en estos momentos en los círculos republicanos se trata de política, no de civismo. Una gran cantidad de conservadores, incluyendo a los editores de la página editorial canónica del Wall Street Journal, están diciendo a Romney que el ” aislamiento de su gente y la estrategia… poco a poco están desperdiciando una oportunidad histórica”. En The Weekly Standard, William Kristol escribió furioso: “¿Es mucho pedir, Mitt Romney salte del piloto automático y ponte a pensar en la carrera que estás corriendo?”.

Hay razones para tal escepticismo. Esta semana la encuesta de Washington Post/ABC News halló que hay un empate en la contienda, pero le dio al presidente Obama una ventaja de 12 puntos entre los votantes registrados cuando se pregunta qué candidato tiene un plan claro para hacer frente a la economía. Después de varios meses de cifras de empleo decepcionantes, Romney está detrás de Obama en otras encuestas nacionales, y tiende a estar retrasado en los estados péndulos.

Estoy lejos de ponerme en el medio de las disputas internas republicanas, pero los críticos de Romney en el Partido Republicano se equivocan al ver la falta de especificidad es su problema principal. Sus dificultades están en otra parte.

Una defensa del minimalismo de Romney se inicia con la cuestión de tiempo. La mejor razón que he escuchado de la actual estrategia de Romney vino del excongresista Vin Weber, un asesor de Romney, quien señaló en una entrevista que la primera pregunta que los votantes deben responder es si en una contienda de reelección existe “un motivo atractivo para remover al titular de su cargo.”

Visto de esta manera, el enfoque negativo de la implacable campaña de Romney hasta el momento (que se resume en el eslogan favorito del principal asesor, Stuart Stevens, “Obama no está funcionando”) es el primer paso esencial de la apertura del electorado a la idea de cambio de liderazgo.

Por otra parte, los que invitan a Romney para ser más específico tienden a ser conservadores acérrimos que están absolutamente convencidos de que el país respondería a una fuerte agenda de centro-derecha. Aquí, ellos están permitiendo que sus compromiso filosófico les nuble su juicio político.

La estrategia de recuperación económica de Romney tiene sus raíces en las mismas viejas ideas conservadoras que han estado alrededor por más de 30 años: reducir los impuestos a los adinerados y la desregulación económica. Estos remedios son muy populares en la base republicana -en particular entre los donantes muy ricos- pero no con los votantes indecisos. Más detalles acerca de un programa muy impopular no le haría mucho bien Romney.

Los conservadores les gusta siempre señalar a Ronald Reagan por haber hecho una campaña de muchos principios en 1980. Pero la línea más efectiva de Reagan fue la pregunta que sin duda no era ideológica: “¿Está usted mejor de lo que estaba hace cuatro años?” Esa es la campaña de Romney en breve.

Ahora los inconvenientes con la teoría de la campaña de Romney. Los operadores de ambos partidos están sorprendidos de que a Obama se le ha permitido contar una historia negativa sobre Romney que está moviendo las encuestas a su favor sin ningún tipo de competencia de los anuncios positivos que levantan a Romney. El republicano podría ser considerado inaceptable antes de que pudiera exponer su caso.

Y el encuestador republicano David Winston ha hecho una de las preguntas de la campaña más interesantes. Él encontró que sólo el 32% de los votantes dijo que “la economía no mejora en absoluto”. En el otro extremo, el 26% pensaba que estaba mejorando en un manera “aceptable”. Un 40% dijo que “la economía está mejorando, pero el ritmo de avance sigue siendo inaceptable”.

El argumento de Romney está dirigido directamente a la tercera parte del electorado que siente que la economía está en un estado desastroso. Por el contrario, el mensaje de Obama se dirige a los votantes que “están mejor, pero no lo suficiente”, y este será el grupo que decidirá la elección. El problema con la campaña de Romney por lo tanto no reside tanto en su falta de contenido político sino en su fracaso de hablar con los votantes adecuados. El mensaje de pesimismo económico mantendrá a Romney cerca. Pero salvo otra crisis importante, no va a cerrar el trato.