Un oasis francés en los verdores de El Bronx

Un oasis francés en los verdores de El Bronx
En esta foto de archivo aparece Monet en su jardín.
Foto: Fotos cortesia

El Bronx – Cuando el calor del verano roba el buen humor, un oasis francés en El Bronx pinta una sonrisa imborrable en quienes lo visitan.

Ese es el influjo del Jardín de Claude Monet, la obra maestra del pionero del impresionismo recreada en el Jardín Botánico de Nueva York.

Monet vivió en Giverny desde 1883 hasta su muerte en 1926. Fue allí donde nació la mayoría de sus pinturas que hoy se venden por millones de dólares, muchas de las cuales se inspiran en el edén que él creó alrededor de su casa.

El jardín de El Bronx -abierto hasta octubre- cambia según la estación a semejanza del original. Los amantes de la lavanda, amapolas y dedaleras lo vieron en su esplendor en la primavera, cuando fue inaugurado.

Ahora, en los estanques del Conservatorio Enid A. Haupt, es el momento de contemplar los lirios de agua, como aquellos que el pintor francés eternizó en más de 250 óleos y en su serie “Los nenúfares” que atesora el Museo de la Orangerie en París.

“Hago lo que puedo para expresar lo que siento en la presencia de la naturaleza”, dijo Monet dijo a su biógrafo Gustave Geffroy en 1924. Ese aliento de vida es parte de su legado, que en el Jardín Botánico de Nueva York -con la ayuda del escenógrafo Scott Pask- han copiado a la perfección.

A lo largo del Grande Allée, la entrada a esta explosión de naturaleza, el aroma del geranio y el jazmín llena los pulmones. Al fondo, entre sauces y bambús, el Puente japonés es el centro de una atmósfera intencionalmente salvaje, como aquella que el autor logró en su terruño del valle del Sena.

Dentro del invernadero de cristal, en estos días ya florecen las cinias, lirios y capuchinas de verano en tonalidades imposibles de creer; donde luego, en septiembre y octubre, crecerán los crisantemos, dalias, girasoles y rosas de otoño.

El espíritu de Monet no sólo está presente en el Conservatorio. En la Biblioteca LuEsther Mertz se exhiben dos de sus pinturas, una selección de sus cartas y la paleta de colores que usó en sus últimos días. Conciertos y más actividades complementan la exhibición.