Después de la elección

La elección presidencial de México es un regreso indigno del PRI al poder bajo las acusaciones de compra masiva de votos.

Todavía no se ha resuelto la impugnación que en todo su derecho está realizando el Partido de la Revolución Democrática; sin embargo, es muy difícil creer que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación anule la pasada elección y llame a nuevos comicios.

La Alianza Cívica, que tuvo observadores de la elección, estimó que en 21% de las casillas hubo reportes de violación al voto secreto. Además, su encuesta entre la ciudadanía reveló que más de 28% de los entrevistados dijeron haber estado expuestos al menos a una práctica de compra o coacción del voto.

Lo interesante del reporte de la organización independiente es que todos los partidos políticos se beneficiaron de la compra de votos, aunque en 71% de los casos favoreció al PRI, 17% al PAN, 9% al PRD y 3% al Panal. La mayor cantidad de dinero y la mejor organización para esta irregularidad del PRI fue la gran diferencia.

Precisamente esa diferencia es la que será utilizada para cuestionar la legitimidad de Enrique Peña Nieto a la hora de gobernar. Al mismo tiempo, la compra de votos borra de una vez todo el discurso del candidato para convencer que el PRI ha evolucionado a la democracia.

Es lamentable que con estos desarrollos el clima post-electoral no conducirá al clima propicio de negociación, que requerirá la nueva realidad política mexicana.

Peña Nieto, a falta de una mayoría en el Congreso, necesitará de partidarias para poder mover su agenda legislativa. Hoy hay demasiados enojados en el PRD por la compra de votos y ofendidos en el PAN -por la oposición del PRI a la agenda del presidente Calderón.

No obstante, la realidad mexicana es cambiante. La elección no ha concluido hasta que se rechace la impugnación y hasta ese momento mandan las especulaciones.

Impremedia/La Opinión