Don Quijote, Río Grande

Bendición Abuelas y Abuelos y en memoria de Antonio…
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En el hotel Río Grande Plaza hay una fuerte brisa que sopla desde México. Gilberto, el que atiende la recepción, me dice que esta brisa sopla durante el año entero. Él es un hombre tranquilo, de movimientos lentos. Vive en ambos México y aquí en Laredo, Texas.

“Lo curioso,” dice él, “es que a una mera cuadra ni se mueve un árbol”.

Señala una iglesia a la distancia, fundada durante el siglo 18 en la hermana ciudad mexicana de Nueva Laredo. Aquellos misioneros andaban con cruz y espada: o no le temían a lo desconocido o le temían demasiado.

Toda misión es locura.

En Texas, hay uno que en vez de cruz y espada anda con remo y canoa.

La misión de Eric Ellman es crear hermandad entre los remadores de Texas y de México. Ellman es remador y director del Big River Foundation, organización que promueve la ecología y el uso del Río Grande (o Río Bravo en México).

Su visión: que los remadores en ambos lados de la frontera compitan en las regatas que se dan respectivamente en los dos países.

Este año marca el 49 aniversario de la Regata Río Nazas en Durango, México; al otro lado, la regata melliza, Texas Water Safari, acaba de cumplir 50 años.

Ellman ayudó que los organizadores de cada lado conocieran la existencia del otro. Acaba de viajar para México con el reciente ganador de la competencia de canotaje en Texas, Tommy Yonley.

Como está “el relajo ese” en México actualmente, muchos ven a Ellman como un Quijote, pero según él: “Viví en el Lower East Side durante lo años setenta. Nueva York era muy peligroso, pero creo que los bodegueros coreanos ayudaron a salvar la ciudad. Dejaban sus luces prendidas toda la noche y atrayeron más actividad, negocio. Una persona prende la luz y poco a poco otras prenden. Esto es lo que queremos hacer en este intercambio, prender luces sobre el Río Grande”.