Pedro Brull un valor boricua

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Durante la grata charla que tuvimos, hablamos sobre sus experiencias en la pintura, de su interesante historia, y de las particularidades del arte.

Brull es un pintor de gran imaginación. Al presentarme cada uno de sus lienzos, demostraba un entusiasmo como si hablara de su primera obra.

Dice Brull que viene de una larga familia de músicos y pintores. Que a los 15 años le pusieron un pincel en la mano y desde entonces no lo ha soltado. Comenta que eso demuestra su afición al fino arte de la pintura.

No hay duda que el artista ha tenido una interesantísima trayectoria. Afirma que ha producido tantas pinturas que hace tiempo perdió la cuenta.

Comenzó pintando en un estilo cubista, al que luego fue transformando en una mezcla de surrealismo y cubismo. La curadora de la Galería Grand Bohemian, en Orlando, bautizó ese estilo con el nombre de surrealismo abstracto.

Se podría decir que dentro de la temática de sus pinturas se encuentran algunas observaciones y críticas sociales como se percibe en su cuadro, “Mamá, Quiero Vivir”, donde nos presenta una madre encinta y un no nacido que le pide que le permita vivir.

Otro interesante lienzo es “Adán, Eva y la Serpiente”, donde nos presenta un antropomorfismo, o sea la tendencia a atribuir rasgos humanos a las cosas.

Hubo una época en su vida cuando Pedro añoraba ser ingeniero arquitecto. Pero, al truncarse ese sueño, se reveló y, aunque había empezado a estudiar cambió su derrotero para dedicarse de lleno al arte.

Mientras trabajaba en el Canal 2 de televisión en San Juan, comenzó a estudiar pintura con Rafael Ríos Rey, entonces muralista y escenógrafo. Interesado en aprender las técnicas de la televisión, en el 1957 partió hacia Nueva York, donde estudió ese ramo. Regresó a Puerto Rico y volvió a los estudios del Canal 2, de donde se retiró en el 1979. Para ese entonces, ejercía la posición de gerente de producción y director de arte en esa empresa. Ha viajado extensamente y ha visitado un sinnúmero de museos tanto en Europa como en los Estados Unidos.

En la década de los ’60, Pedro llevaba una vida extremadamente agitada, y se dio a la bebida. Su esposa, María Magdalena Pumarejo, en busca de ayuda espiritual, empezó a visitar una iglesia evangélica y con la ayuda divina, le echó manos a Pedro y lo llevó a la iglesia, de donde no se ha apartado hasta el presente. La vida evangélica le fue de gran provecho en el matrimonio como también, lo ha sido para el movimiento evangélico, donde hoy día oficia como reverendo. Ha pastoreado varias iglesias en Puerto Rico y en Orlando.

Por sus esfuerzos artísticos, Pedro a recibido una buena cantidad de medallas y premios de diferentes instituciones en reconocimiento a su talento como pintor. Entre los premios está uno de Walt Disney World, donde en el 2003 recibió el primer premio en un certamen de pinturas.

Nada, que Pedro es un reconocido pintor y, como él, aunque no tan conocidos, debe haber un buen número de talentosos artistas en todas las facetas del arte en el Centro de Florida. Una lástima que no sepamos quiénes son.