¿Cuántos juguetes le compro a mi hijo?

Tener más juguetes no necesariamente hace más felices a los pequeños
¿Cuántos juguetes le compro a mi hijo?
No les compres tantos juguetes a tus hijos para que aprendan a valorarlos. Foto: La Opinión

Si a los padres de hoy les preguntáramos cuántos juguetes tuvieron cuando pequeños, seguramente la mayoría los podría contar con los dedos de las manos. Probablemente, las mujeres recordarían un par de muñecas con las que pretendían ser la mamá y los varones, algún carro o tren con el que disfrutaron parte importante de su infancia. Tal vez, mencionarían también una bicicleta o una patineta, con las cuales crecieron, pero seguro que no mucho más que eso.

Sin embargo, para bien o para mal, la realidad actual es muy distinta a la de hace 30 o 40 años, pues en varios casos, los niños de hoy poseen tal cantidad de juguetes, que ni siquiera son capaces de enumerarlos. De hecho, según datos entregados por la Asociación Industrial de Juguetes (o TIA, por sus siglas en inglés), cada año se venden solo en Estados Unidos, alrededor de 3 mil millones de unidades, lo que genera ingresos por aproximadamente 21 mil millones de dólares, cifra exorbitante si se considera que cada producto tiene un precio promedio menor a los 8 dólares.

Resulta obvio que comprar juguetes hoy es más económico y fácil que antes, pero ¿qué es lo que nos ha llevado realmente a este impulso de comprar más y más juguetes, sin importar que haya demasiados en casa?

Para la psicóloga Macarena Mehech, esto se debe a varios factores, como la atractiva publicidad existente en los medios de comunicación y la presión que generan los mismos niños entre sus pares.

Sin embargo, señala que generalmente los principales responsables de esta situación son los adultos y no precisamente los más pequeños. “Muchas veces, somos los mismos padres los que no sabemos decir que no y nos volvemos incapaces de poner límites al respecto”, señala Macarena y comenta que a veces los padres recurrimos a esto como una forma de suplir carencias hacia nuestros hijos.

“En ocasiones, con tal de verlos felices por un momento o para compensar nuestra ausencia o falta de atención hacia ellos, accedemos a comprar más juguetes de los necesarios” aclara. Además, explica que como el mundo se ha vuelto cada vez más materialista “existe la percepción de que mientras más tienes, mejor es”, aunque claramente este pensamiento es completamente erróneo.

“La felicidad del niño no depende, en ningún caso, de la cantidad de juguetes que tenga. En eso soy muy enfática pues que un niño sea feliz depende más bien de la atención, cariño y dedicación que le brinden las personas cercanas a él, ya sean sus padres o las figuras sustitutas”, sostiene.

Además, sugiere que al no poner límites a la hora de adquirir estos artículos, en vez de beneficiarlos lo que lo se logra es perjudicar a los chicos. “Los niños demasiado consentidos son más propensos a convertirse en adolescentes aburridos e infelices” explica la profesional.

Por supuesto que el juego es fundamental en el desarrollo de un niño, pues implica aprendizaje y exploración, por lo que no se trata de no proporcionarles ningún juguete, sino más bien de hacerlo en su justa medida y optando por aquellos que los beneficien.

“Antiguamente, los juguetes eran más básicos y los juegos eran inventados por los mismos niños, lo que aportaba enormemente a su desarrollo cognitivo. Hoy, en cambio, estos dan los juegos por sí mismos y vienen tan dados, que no es mucho el aporte creativo que el niño puede poner al jugar”, explica Mehech, por lo que sugiere volver a los productos “más simples y que han existido durante todos los tiempos, como los puzzles (rompecabezas), por ejemplo, pues los niños nunca se aburren con ellos. Siempre los vuelven a armar con la misma motivación que la primera vez”.

Finalmente, aconseja “estimular la variedad de los juegos, pero pensando que un excesivo número de juguetes puede provocar que no los valoren ni los cuiden”, por lo que propone establecer límites y comprar indiscriminadamente solo para evitar un mal rato. “Los límites son necesarios en la crianza de nuestros niños. Sin estos, posiblemente en vez de beneficios generaremos problemas a futuro, que generalmente aparecerán en la adolescencia”, concluye.

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