Por la ruta de la vida, siendo amables

Se dice que a los neoyorquinos nada les llama la atención. En esta ciudad donde todo es posible, ellos ya lo han visto todo.
Por la ruta de la vida, siendo amables
Bob Votruba, creador y chofer del bus de la amabilidad, con el que recorre el país hablando sobre el poder del respeto y la bondad.
Foto: Fotos: Silvina Sterin Pensel

Se dice que a los neoyorquinos nada les llama la atención. En esta ciudad donde todo es posible, ellos ya lo han visto todo. Bob Votruba está desafiando esa percepción y le va sobre ruedas: está la corredora que detiene su marcha para observarlo; la familia que se para frente a él, la pareja de la mano que lo mira fijo y los grupos de turistas, a veces, veinte o treinta, que se agolpan en la acera para tomarle una foto.

No es exactamente a él a quien contemplan, si no a su mejor proyecto: el Kindness Bus o bus de la amabilidad; un autobús escolar ya sin rastro alguno de pintura amarilla, devenido en recordatorio constante y móvil de que, a pesar del estado de cosas en el mundo, somos humanos, capaces de conducirnos con bondad y respeto.

“Al principio me mantengo a un costado”, comenta Bob; “dejo que la gente inspeccione tranquila el bus, que le den la vuelta y saquen sus propias conclusiones”. Para algunos es materia de un minuto, un rápido vistazo al excéntrico rodado; otros leen con detenimiento las leyendas que pulgada a pulgada –a excepción de las ruedas– abarrotan la carrocería.

‘Tienes el poder de afectar positivamente a muchas personas, no lo demores más’; ‘Piensa pensamientos positivos, compasión en tu corazón’, dice otra. ‘Esparce bondad a todos en cada oportunidad que se te presente’; se lee al lado. ‘No más bullying’. ‘El respeto a la mujer es uno de los regalos más valiosos que un padre puede darle a su hijo’. ‘Encuentra tu pasión y encamínala para ayudar’.

La mayoría están en inglés, pero hay mensajes en español y en italiano y la palabra paz está estampada en 49 idiomas.

Con el hedor a pólvora aún fresco después de la masacre del cine de Aurora, el mensaje que más resuena por estos días es el de la parte de atrás del bus, escrito en grandes letras negras: ‘Por Virginia Tech, 4-16-07. Terminemos con el odio en todas sus formas.’

“Es de lo que más me habla la gente cuando me presento como el chofer del bus”, apunta Bob.

“Estamos todos muy sensibilizados por esta nueva matanza y es un buen momento para debatir qué puede hacer uno para que no se repita”.

Fue el tiroteo de Virginia Tech, en el que un psicópata acabó con la vida de 32 jóvenes e hirió a otros 17, el que motivó a Bob, un contratista que construía edificios en Cleveland, Ohio, a dar un giro en su vida.

“Durante tres días me pegué al televisor; devoré el dolor de esos familiares, de esos amigos. Me conmovió muchísimo”, dice Bob con un nudo en la garganta. “Tomé el carro y me fui para allá; manejé hasta el campus en Blacksburg”.

Conversando con la gente impactada, mirando la profunda tristeza en sus ojos surgió la idea, cuenta –la meta como él la llama– de lograr un millón de actos de bondad en la vida.

“Este no es el mundo que yo deseo ni para mí ni para mis tres hijos. Si cada uno se lo propone, te aseguro que lo cambiamos, vamos a tener mejores personas y por ende un mejor lugar. Si en los hogares se enseña la cultura del amor desde temprano”, –afirma recogiendo un papel del suelo y asegurando que eso también cuenta como un acto amable–, “si se incentiva a los adolescentes para que donen su tiempo en organizaciones comunitarias, para que se conozcan a sí mismos; será mucho menos probable que salgan a matar a mansalva. En un mundo amable eso sería disparatado”.

El bus de la amabilidad le salió en menos de 2,000 dólares y lo compró en Craigslist, el mismo sitio donde consiguió a Bogart, su perro Boston Terrier y su compañero de ruta.

Juntos llevan recorridas miles de millas desde el 2008 y van entregando su lema de darle al otro una chance. “Todos, esa señora por ejemplo, dice mirando a una mujer que camina por Central Park West, puede estar divorciándose, pasando por la enfermedad de un hijo, con dificultades económicas. Tratemos de entendernos, de escucharnos, abramos una puerta, demos el asiento, nada es pequeño, todo vale”.

Dentro del camión, parqueado a pies del Museo de Historia Natural, está su cama, la cucha de Bogart, un ventilador y folletos que entrega a los interesados en sumarse al movimiento. También una bicicleta –pertrechada con letreros adelante y atrás– con la que recorre Nueva York. “Es más sencillo y una vez que encuentro un buen parking para el bus, no lo quiero perder”.

Estará aquí para el aniversario del 9/11 y luego vuelta a la carretera para recorrer todo el perímetro de Estados Unidos dando charlas en colegios a lo largo del país. “Son ellos, los más chicos, por los que más apuesto porque si les llega mi mensaje, ellos tienen la llave del cambio”.

Para más información: onemillionactsofkindness.com

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