¿Desde cuándo a la industria de la soda le interesa su salud y libertad?

La semana pasada declaré ante el Consejo de Salud de la ciudad a favor del plan del alcalde Bloomberg de prohibir la venta de bebidas azucaradas de más de 16 onzas en restaurantes, eventos deportivos, carritos de calle y cines.

Las bebidas azucaradas tamaño gigante son promocionadas de forma desproporcionada en los barrios pobres de la ciudad, en su mayoría de comunidades de color.

Estas bebidas, que no tienen ningún valor nutricional, son una causa importante de sobrepeso y obesidad. Los altos índices de diabetes, enfermedades cardíacas, presión arterial alta y accidentes cerebro-vasculares en estas comunidades hablan de las dietas poco saludables promovidas por los proveedores de comidas y bebidas rápidas y baratas, presentes en los barrios más pobres de la ciudad.

La obesidad es la segunda causa principal de muerte que puede prevenirse, después del tabaquismo. La obesidad mata a 5,800 residentes de Nueva York al año.

Aún así, tener sobrepeso u obesidad es ahora la norma en nuestra ciudad: 58% de los adultos – un total de 3,437,000 personas – sufren de sobrepeso o son obesos. La obesidad, además, nos cuesta miles de millones en gastos de salud y en pérdida de productividad cada año.

El Alcalde ha señalado que el tratamiento de enfermedades relacionadas con la obesidad cuesta $4 mil millones al año.

La industria de las bebidas ha respondido con gran despliegue publicitario, que cuesta millones. Ha habido numerosos anuncios de televisión y volantes exaltando sus productos. En un acto de cinismo supremo, quienes se oponen a la prohibición de las bebidas gigantes adoptaron el concepto de la “Million Man March” para una manifestación en la alcaldía hace unas semanas. Llamándola la “Million Big Gulp March”, tuvieron el coraje de tratar de equiparar su “libertad” de consumir porciones gigantes de bebidas azucaradas con la lucha por los derechos civiles en el país.

Los residentes de barrios principalmente negros y latinos – el este y centro de Harlem, el norte y centro de Brooklyn, y el sur del Bronx – son más propensos que los residentes blancos a consumir bebidas azucaradas y a beber cuatro o más de éstas al día. Los resultados son catastróficos. Los residentes de Bedford-Stuyvesant o East New York son cuatro veces más propensos que un residente del Upper East Side a morir de diabetes. Los neoyorquinos negros tienen casi tres veces más probabilidades que los blancos de morir de diabetes; los latinos tienen el doble de probabilidad.

Aumentar el “supertamaño” de las bebidas azucaradas se ha convertido en una rutina en los últimos años. Las bebidas en McDonald ‘s han aumentado su tamaño en un 457% desde 1955, de 7 a 32 onzas. A las compañías productoras de bebidas les cuesta pocos centavos producir bebidas más grandes, y en cambio su margen de ganancia aumenta exponencialmente.

El gobierno tiene un interés apremiante en prevenir la obesidad y sus complicaciones, lo que justifica limitar el tamaño de las bebidas azucaradas en establecimientos de comida. El Código de Salud restringe otros productos comerciales en beneficio de la salud pública, entre ellos el plomo en la pintura y ciertas grasas en los alimentos.

Si bien la prohibición de las bebidas azucaradas gigantes por si sola hará todo el trabajo, es un paso en la dirección correcta. El Consejo de Salud debe seguir adelante y adoptar la propuesta del Alcalde Bloomberg.