Hasta el Ángel ríe

Miles festejan eufóricos en el epicentro de las grandes victorias
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MÉXICO, D.F.- Cuando Oribe Peralta marcó ayer el segundo gol que puso al Tri arriba 2-0 sobre Brasil en la final olímpica, muchos mexicanos iniciaron su marcha por el Paseo de la Reforma.

El destino era el Ángel de la Independencia porque ya presentían la victoria.

Cientos de aficionados, que con el paso de los minutos y las horas se convirtieron en miles, comenzaron a inundar importantes vías como Avenida Reforma e Insurgentes gritando “¡Sí se pudo!”, aun cuando no terminaba el encuentro.

Un joven que llevaba un radio escuchó que Brasil acababa de meter gol y todos pararon. La marcha se frenó y se sufrieron minutos que parecieron eternos. Cuando el árbitro marcó el final del encuentro, los aficionados siguieron caminando jubilosos, y se les fueron agregando cientos de personas.

El nombre de Oribe Peralta fue uno de los más vitoreados por hombres y mujeres de todas las edades, quienes no perdieron la oportunidad de celebrar la gran victoria con otros aficionados, con quienes parecían conocerse de toda la vida al darse abrazos y sonreir.

Entre el ruido que generaban miles de gargantas se alcanzó a escuchar: “¡Dónde están, dónde están, esos brasileños que nos iban a ganar!”.

Automóviles adornados con banderas y vendedores ambulantes no tardaron en instalarse para hacer su agosto con las banderas, sombreros, pañuelos, cornetas y antojitos.

Algunos vendedores ya traían camisetas impresas con la imagen de medalla de oro de Londres 2012 y en letras verdes el lema: “México Campeón”.

Un escuadrón de policías esperaba a los aficionados en los escalones del Ángel y no permitieron que se acercaran al monumento, que ayer fue testigo de una de las más importantes celebraciones de los mexicanos.

La gente le dio la vuelta al Ángel cantando el tradicional Cielito Lindo. La fiesta apenas comenzaba porque con el correr de las horas se fueron uniendo más y más mexicanos a la magna celebración.

No faltaron tampoco los manifestantes que aprovecharon la euforia para mandar en una pancarta su mensaje: “No a la Imposición”, en referencia a los resultados de la pasada elección presidencial.

Ese acto fue reprobado por otros aficionados.

“Oye, no es manifestación política, es una celebración deportiva”, le dijo una aficionada a un manifestante del movimiento #YoSoy132 en el área del Ángel.

Hasta los turistas se unieron a la celebración de la victoria y salieron de sus hoteles a festejar -asiáticos, europeos y africanos- y vivir un poco la alegría mexicana.

La celebración que comenzó en el Estadio de Wembley no tardó en trasladarse a diversas ciudades de México como Monterrey (Macroplaza) y Guadalajara (La Minerva).

Los aficionados en el Ángel de la Independencia corrieron y brincaron alrededor del monumento cantando y gritando “¡Campeón, campeón, campeón!” y haciendo ruido con cornetas de plástico.

Juan Ramírez, un estudiante de 24 años, viajó con sus amigos desde el oriente de la ciudad para ver el partido en un bar cercano al Ángel. Esperaba que México jugara bien, pero no que ganara.

“Pensé que nos íbamos con la plata”, dijo mientras festejaba aventándose espuma con sus amigos.

Muchos incluyeron en sus festejos a sus mascotas, como Juan Leyva, que llegó al Ángel de la Independencia con su perra xoloizcuintle, Maya, con un traje del uniforme de la selección mexicana.

“Yo pensaba que podríamos ganar, y el primer gol nos dio muchas posibilidades, pero con Brasil, aún con dos goles a cero, nada es seguro. Pero ya está, ganamos”, dijo.

Fue un día histórico y se anticipaba que la celebración iba para largo.

Un fuerte dispositivo de seguridad de más de dos mil policías que para prevenir incidentes fue dispuesto desde la noche del viernes ocasionó el cierre de algunas vialidades, lo cual se hizo necesario.

Durante el transcurso del día siguieron llegando aficionados deseosos de dar rienda suelta a su felicidad por la gran conquista del futbol mexicano en unos Juegos Olímpicos, algo que, como algunos mencionaron: “No se da todos los días”.