Pequeños agradecidos, pequeños felices

Enseñar a tus hijos el agradecimiento, no se limita solamente a decir "gracias".

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Pequeños agradecidos, pequeños felices
Foto: Thinkstock

“La crianza de los niños sería mucho más fácil si la felicidad infantil dependiese de la cantidad de helados que comen y del tiempo que pasan en la piscina. Sin embargo, la alegría existencial, a cualquier edad, depende de las emociones positivas que experimentamos”, explica Christine Carter, autora del libro El aprendizaje de la felicidad de Editorial Urano, y agrega: “Dichas emociones vienen determinadas por las habilidades y hábitos que enseñamos a nuestros hijos”.

En la formación de los pequeños, el tema del agradecimiento no debe limitarse tan sólo a que aprendan a dar las gracias, también a que sepan que es un modo de contemplar y sentir todo lo que les sucede, desde la capacidad de disfrutar de un clima agradable u observar el espectáculo que brinda un cielo despejado, hasta aquello que nos brindan otras personas como son la ayuda, el apoyo, la amistad o el cariño.

Si los pequeños aprenden esto, sabrán que la felicidad está tal cual, por todas partes y tendrán claro que la forma en la que se logra no depende de tener ese juguete tan anhelado o de salirse con la suya y comer otro puño de galletas, sino en mirar de manera más profunda y reflexionada todo lo que les pasa.

La gratitud debe de ejercitarse para evitar que se convierta en un tema que un buen día se platicó pero que fue olvidado al poco tiempo. Para este fin, la autora comenta que practicarla es muy importante e increíblemente fácil de hacer, explica que sólo hay que contar y re contar todas las cosas por las que se sienten no sólo los padres agradecidos, también los más chicos del hogar, además sugiere:

1. Crear una ‘lista de agradecimientos’ de familia, en la cual todos van a colaborar y de preferencia los niños escribirán. Se debe colocar en un lugar visible para todos, como es la puerta del refrigerador.

2. Escriban cartas de gratitud, cortas y largas. Esto ayuda a los pequeños a tener claro quiénes son las personas importantes y valiosas para ellos, así como, los motivos de agradecimiento. Los mensajes pueden ser formarles, divertidos o dulces.

3. Los adultos pueden enseñar a los niños a dar las gracias, sólo cuando ellos lo hacen también, por lo que hay que tener presente que el mejor maestro es el ejemplo.

“Además de enseñar a los niños a ser menos caprichosos, el hábito de la gratitud acarrea toda clase de beneficios. Por ejemplo, los científicos han descubierto que, comparadas con aquellas que no practican la gratitud, las personas que ponen en práctica el agradecimiento son considerablemente más entusiastas, curiosas y decidas”, comenta Christine Carter y concluye: “Tienden a ser personas más amables y felices”.

Con el paso del tiempo, los pequeños tienen la oportunidad de ir abasteciendo su historia emocional con conceptos que los ayuden a ser más asertivos en el modo en el que la viven, así como a tener la certeza de que su corazón está ejercitado como el de un auténtico campeón que sabe reconocer y estimar los lazos afectivos con los que cuenta, ya que desde muy chico experimentó las bondades de dar, recibir y devolver.

En plena adversidad, cuando parece que todo está en su contra y las cosas no pasan como esperaba, un niño que aprecia lo que tiene se animará a ver los hechos como herramientas para el propio crecimiento porque también considera aquello que ante sus ojos, sin importar el escenario por el que atraviesa, le da motivos para ser feliz y eso es un tesoro para toda la vida.

Para ver:

Cadena de favores, dirigida por Mimi Leder (2000).

Colaboración de Fundación Teletón México.

“El principio de ser paciente es empezar con uno mismo”.

Bojorge@teleton.org.mx