2012 y un trapo vale más que una mujer

Y que nadie me desmienta, que las últimas noticias -locales, nacionales e internacionales- así lo confirman

En las recientes primarias en Nueva York, el abogado y estratega político Dan Baker se buscó una candela por decir que “un trapo mojado sería mejor que (la congresista) Nydia” Velázquez.

No digo que esté de acuerdo, porque jamás. Aunque cuando uno repasa las últimas noticias, parece que el trapo mojado tiene mucho más valor que las mujeres; lo mismo en el “tan progresista” Estados Unidos como en el resto del mundo.

Durante el fin de semana no pude pegar un ojo. Me quedé pensando en la sanción impuesta al asambleísta de Brooklyn, Vito López. El hombre, de 71 años, fue acusado de acoso sexual por dos colaboradoras. ¿El castigo? No fue despedirlo, no. Le quitaron uno que otro privilegio y se le prohibió contratar a mujeres menores de 21 años.

Así como lo lee.

Me pregunto si no hay menores de 21 años con la capacidad de rechazar y denunciar a López en caso de que quisiera hacer uno de esos actos que se le imputan. ¿O será que sólo las menores de 21 tienen el efecto alborotador sobre las hormonas de López? En todo caso, poco valieron las denuncias de las dos acosadas porque el hombre -con edad para haberse retirado hace un tiempo- sigue siendo su asambleísta.

Pero ese es un caso local, digamos. Antes de que eso fuera “noticia”, fueron muchas las que celebraron el anuncio del Club de Golf Augusta -uno de los más importantes del mundo- de que por primera vez en su historia aceptaría a dos mujeres entre sus miembros. Cuando leí que las primeras dos miembras serían la exsecretaria de Estado de EEUU, Condoleezza Rice y la financiera Darla Moore, vomité los siete conejos que había almorzado.

El Club de Golf de Augusta abrió sus puertas en el 1932, exclusivamente para hombres blancos. En el 1990 aceptaron a los primeros afroamericanos y 22 años más tarde se placen en aceptar mujeres… Les tomó 80 años darse cuenta de que necesitaban de las mujeres para seguir subsistiendo.

Por mí, se podían quedar con sus hoyos y sus palitos. Si hasta este momento las mujeres no los han necesitado, ¿por qué ahora tendrían que correr a hacerse miembras? ¿Para engordar las finanzas de una organización que desde sus inicios ha sido elitista, que las ha despreciado? Cualquiera pensaría que las mujeres tienen más cerebros que esos retrógrados y que formarían un club mucho más poderoso, con muchos más hoyos disponibles, pero no, que va. Allá están celebrando el “avance”.

Seguramente son esas mismas las que pierden 5 ó 10 minutos de vida hablando de la pena que encierra en su mirada el actor inglés Robert Pattinson tras ser engañado por su hoy exnovia Kristen Stewart. Ninguna de ellas, al igual que muchos programas de “noticias” de farándula, dedica dos minutos a preguntarse: “¿La habrá engañado él en algún momento? O tal vez no la atendía como ella necesitaba”. No, eso es exigirse mucho.

Se hace peor que nadie habla de la “fruta de la tentación” de Kristen; el casadísimo director de cine Rupert Sanders, quien no sólo engañó a su esposa Liberty Ross sino que con su acción marcó de por vida a sus dos hijos. El hombre, en esta situación, vuelve a ser el ganador. De Rupert son muy pocos los que hablan; la gran culpable de todo es Kristen Stewart.

Es lo mismo que el caso de Bill Clinton, Monica Lewinsky y Hillary Clinton. Monica siempre fue la “sucia” que le hizo “esa cosa asquerosa” al Presidente; Bill Clinton sigue siendo querido y recibe miles de dólares por ofrecer conferencias en distintos sitios, pero Hillary, aunque haya logrado grandes cosas como secretaria de Estado de EEUU, sólo es noticia cuando se va de “party” a beber cervezas o cuando baila con mujeres.

Contrario a Hillary, que fue hecha en otra madera, Kristen parece hundirse en la vergüenza. Cuando la pobre muchacha aparezca muerta en una bañera o piscina tras haber intentado borrar sus tristezas con un coctel de drogas, ya serán muchas las que se lamentarán y repartirán culpas. Si las mismas mujeres barren el piso con ella, ¿qué se puede esperar de los demás?

Y ya para cerrar, porque me está empezando a afectar mi propio veneno, nada más miremos cuántas mujeres aspiran a dirigir Estados Unidos. Ninguna. Siguen siendo trapos que engalanan al hombre “inteligente” que tienen al lado.

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