Este no es el enemigo

Hace más de 30 años el expresidente Ronald Reagan dijo que el gobierno no era la solución sino el problema. Ha pasado mucho tiempo y han habido muchos cambios desde entonces.

Dos décadas después de administraciones republicanas lo han ido encogiendo, pero el clamor antigubernamental no cesa, como se ha visto en la Convención Nacional Republicana.

En esta queja hay mucho del carácter individualista estadounidense, además de ignorancia e hipocresía.

Por ejemplo, es ridículo pedir que no intervenga el gobierno entre Medicare y el beneficiario -tal como la ha dicho el candidato a la vicepresidencia Paul Ryan- cuando este es un programa gubernamental y exitoso.

En otros casos, se denuncia muchas leyes reguladoras como intervencionistas. Sin embargo esa misma queja desaparece cuando el gobierno actúa en favor del que protesta. Según este punto de vista, el gobierno es intervencionista cuando protege al consumidor y no lo es cuando sus regulaciones protegen a una industria o interés especial.

El gobierno puede ser visto hoy con el estereotipo de una burocracia parasitaria y derrochona, pero la historia demuestra que ha sido el defensor de los derechos básicos de los más vulnerables.

La nostalgia de regresar a los principios de los padres de la Patria ignora que a lo largo de los siglos los gobiernos, como representantes de voluntad popular, contribuyeron a la grandeza de esta nación.

El gobierno no es el enemigo. De alguna manera todos somos parte de él ya sea como votantes, contribuyentes, ciudadanos y beneficiarios. Es distinto a una empresa. El ser eficiente no significa cerrar los ojos a su papel como el que ha ejercido, estableciendo las regulaciones contra el trabajo infantil y el salario mínimo.

Creemos que la meta es que el gobierno funcione bien para el bienestar de todos los estadounidenses. Quizás el mayor problema que en los últimos 30 años ha tenido demasiados presidentes que en vez de mejorarlo se han dedicado a destruirlo desde adentro.

Impremedia/La Opinión