El mensaje de Albany a las mujeres

Albany sumó otro agujero en su credibilidad con el manejo de denuncias por acoso sexual contra el asambleísta Vito López.

Un fiscal especial está investigando a López por múltiples acusaciones de avances sexuales no deseados. López niega las alegaciones, pero éstas parecen multiplicarse.

El público habría conocido antes sobre estas graves acusaciones contra López, pero el presidente de la Asamblea, Sheldon Silver, mantuvo silencio sobre un acuerdo -que incluyó el desembolso de fondos públicos- en dos de estas alegaciones, en vez de informar a un comité de ética.

Informes recientes revelan que también hubo comunicación sobre el caso entre las oficinas de Silver y las del Contralor del Estado y el Fiscal General.

Como es habitual, el público fue el último en enterarse. Los líderes en Albany deciden qué información debe ser compartida o cuál debe mantenerse en secreto. Esto hace que uno se pregunte qué más nos están ocultando.

Peor aún, este incumplimiento flagrante en la transparencia envía el mensaje equivocado a las mujeres trabajadoras.

El acoso sexual es ilegal. Los legisladores lo saben. De hecho, se supone que deben presentar proyectos de ley que mejoren la vida de las personas y protejan sus derechos, incluidos los de las mujeres.

Una mujer que se siente intimidada por un funcionario electo tiene el derecho de presentar sus acusaciones. Los contribuyentes y los votantes deben ser conscientes de las posibles cuestiones éticas y jurídicas relacionadas con sus representantes. Pero este último escándalo indica que los varones cerrarán filas alrededor de los varones y que el poder tienen prioridad sobre el pueblo.

Esto es inaceptable, por lo que las investigaciones sobre López y el proceso en torno al acuerdo son necesarias.

Una rendición de cuentas real es crítica y enviaría un mensaje fuerte. Pero lo que también está claro es que el cambio de la cultura del secreto en Albany tiene que ir mano a mano con el cambio de los que lo propagan.