Limpian baños en Queens para ganarse la vida

Hispanas que laboran en sanitarios revelan los detalles de su particular lugar de trabajo

Martha Botero, mexicana de 22 años, que trabaja en MamaJuana, en Queens, afirma que el trabajo aparenta ser cómodo pero necesita mucha paciencia con clientas difíciles.
Martha Botero, mexicana de 22 años, que trabaja en MamaJuana, en Queens, afirma que el trabajo aparenta ser cómodo pero necesita mucha paciencia con clientas difíciles.
Foto: Zaira Cortes / EDLP

Nueva York – Trabajan en restaurantes y clubes nocturnos, pero lidian con la peor parte de la celebración. Laboran largas horas limpiando y soportando malos olores a cambio de tips, pero suelen ser mal vistas por clientas. Así es la vida para muchas mujeres cuyo lugar de trabajo es un baño.

“Cuando alguien se pasa de copas y ensucia en todas partes es una verdadera pesadilla”, confiesa con inesperada sonrisa María, la empleada de un popular club nocturno en Queens, que pidió cambiar su nombre en esta historia por temor a que su jefe se moleste.

Ella narró con detalle las consecuencias de los excesos de mujeres que terminan la fiesta en el baño.

“Cuando pasan esas cosas, normalmente hay una larga fila esperando y yo debo limpiar el desorden en poco tiempo”, cuenta.

Lo mismo le ha pasado a la mexicana Martha Botero, de 22 años, quien atiende el baño del restaurante MamaJuana Café, en Queens, los fines de semana de 10 p.m. a 4 a.m.

“Atender baños parece un empleo cómodo, pero require paciencia para tratar con personas, en especial sin son difíciles. Siempre debo ser respetuosa y mantener la calma”, dijo Botero.

Chismes, dramas, infidelidades… En su trabajo, las cuidadoras de baño se enteran de detalles de la vida de clientas que quizás ni las mejores amigas de éstas conozcan.

Botero dice que el baño es “una sala de terapia” donde “se ve y escucha de todo”.

“Hay quienes hablan de desventuras amorosas, otras de problemas en el hogar y en el trabajo”.

Agrega que debe estar concentrada y mantener el control, pidiendo a las clientas que esperen su turno cuando el baño está repleto, y apresurando amablemente a quienes se tardan demasiado.

Por su lado, María dice que además de escuchar los dramas de muchas, frecuentemente tiene que ayudar a reparar vestidos quizás demasiado apretados.

“Cargo con hilo y aguja para ayudar a coser algún vestido roto”, confiesa.

Tales labores insospechadas, así como identificar las necesidades de clientas, son parte del secreto para sacarle el mejor rendimiento a este particular empleo.

“Por coser un vestido me han dado hasta $10 en propina”, comparte María. “También vendo chicles y ofrezco perfume luego de un baile agitado”.

Botero dice que si la noche es buena, puede ganar hasta $70 en propinas.

Pero su trabajo no es siempre apreciado.

“Algunos clientes se sienten incómodos porque no traen la cartera y no saben qué hacer con los tips. Otros ni siquiera se sonrojan, pero mi labor es ser cordial con todos”.

María dice que puede reunir hasta $350 en propinas y salario por tres días de trabajo.