Entre danzas y leyendas

Entre danzas y leyendas

Cuántas veces, sobre todo si estamos lejos de nuestro país de origen, nos hemos emocionado al escuchar una canción que nos recuerda quizá la calle donde vivimos de niños o el primer amor. A veces, tan sólo un acorde musical trae tantas memorias… La música, la danza, las leyendas, supersticiones, costumbres, artesanías y hasta los chistes y proverbios de nuestros pueblos conforman lo que simplemente se denomina como folclore.

La palabra folclore (en español) o folklore (en inglés), fue creada en 1846 por el arqueó- logo inglés Williams John Thoms, pero su reconocimiento oficial se logró a partir de 1878 cuando se fundó en Londres, Inglaterra, la Folklore Society con el objetivo de estudiar la cultura tradicional de los pueblos.

Por ello, el vocablo está compuesto por dos palabras: Folk (pueblo o gente) y Lore (conocimiento o saber). Así, folclore es el conjunto de manifestaciones culturales y artísticas por las cuales se expresa un pueblo o comunidad en forma anónima, tradicional y espontánea para satisfacer necesidades de carácter material o inmaterial.

El reconocimiento a estas expresiones llevó a la UNESCO, desde 1960, a designar el 22 de agosto de cada año como el “Día Mundial del Folclore”, a manera de reconocimiento a Williams Thoms.

Así, cada país posee su propio folclore. Por ejemplo, el folclore mexicano está compuesto por diversas expresiones artísticas y culturales, como la música del mariachi; bebidas típicas como el mezcal y el tequila o los altares del Día de Muertos y las calaveritas de dulce en el mes de noviembre. También las artesanías de barro negro de Oaxaca; las muñecas mazahuas del Estado de México y hasta la gastronomía que es el resultado de la fusión de los ingredientes naturales de México, con los sabores que los españoles trajeron a América.

Pero es quizá en la danza donde particularmente se expresa la cultura mexicana. Tanta tradición guarda, que fácilmente es identificada la Danza de los Concheros, que generalmente es observada fuera de algunos sitios arqueológicos de México o en los atrios de algunas iglesias. Esta danza de inmediato llama la atención por el vestuario de sus integrantes compuesto por faldellín, rodilleras, muñequeras, pectoral, penacho de plumas y racimos de ayoyotes atados a los tobillos que son los que producen un distintivo y rítmico sonido de cascabeles.

O bien, la mundialmente conocida “Danza del Venado”, bellísima expresión dancística que hace alusión a los indios Yaquis y Mayos de los estados de Sonora y Sinaloa. Esta danza es la dramatización de la cacería de un venado. Durante su interpretación estremece la música de la flauta de carrizo de tres agujeros, el tambor con parche de piel de venado, el tambor de agua elaborado con una calabaza o guaje vacío, así como sonajas. En esta danza, también se usan los racimos de ayoyotes sujetados a los tobillos.

Por su parte, “El Baile de los Viejitos”, es una danza típica del estado de Michoacán, en la que sus intérpretes portan una máscara que hace referencia al rostro de un anciano. Visten un traje blanco, zarape, sombrero con listones de colores y un bastón.

La “Danza de los Voladores” actualmente asociada a Papantla, Veracruz, es conformada por una serie de giros acrobáticos realizados por los danzantes en el aire con el único apoyo de unos cables o lazos que se amarran al cuerpo y enrollan a un mástil de madera incrustado al suelo. El 30 de septiembre de 2009, esta ceremonia ritual de “Los Voladores de Papantla” fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

Esta enorme expresión dancística llevó a la bailarina Amalia Hernández (1917-2000) a fundar -en 1959- el Ballet Folclórico de México. Después de años de investigación del vestuario, música y danzas autóctonas, Hernández le aportó creatividad y magia a cada una de sus presentaciones y actualmente se escenifican en diversas partes del mundo.