Campeones del reciclaje se forman en Inwood

Campeones del reciclaje se forman en Inwood
La cafetería de la escuela 52 es un "laboratorio ambiental", donde los estudiantes aprenden la importancia de reciclar.
Foto: Carolina Ledezma / edlp

Manhattan – En la Escuela Intermedia 52 de Inwood, reciclar es casi tan importante como sacar buenas notas. Sus 584 alumnos aprenden que el futuro de su comunidad y del planeta depende, entre muchos factores, de generar menos basura.

Unas 27 escuelas públicas como la 52 son miembros del programa “Campeones del Reciclaje”, creado por la organización GrowNYC en alianza con los departamentos de Educación (DOE) y Salubridad (DOS) de la ciudad.

Desde 2007, esta iniciativa apoya a los maestros para utilizar la basura como un recurso educativo, con el fin de reducir la producción de desechos e incentivar a niños y adolescentes a cuidar el ambiente.

“Somos una escuela enfocada en el estudio ambiental y las ciencias aplicadas, lo que nos obliga a formar alumnos concientes de la importancia del medio”, dice el director asistente Luis Tejada. “Si no lo hacemos ahora, perderemos la batalla”.

Desde 2008, la escuela 52 ha sido galardonada con el premio internacional “The Golden Apple”, un incentivo que da The Green Organization desde 1994 a las mejores prácticas ambientales en el mundo.

“Es un trabajo constante, porque cada vez que comienza un año escolar debemos refrescarles lo que significan estos contenedores azules”, menciona Tejada quien quisiera “integrar más a los padres” en esta tarea.

En la intermedia del Alto Manhattan, quienes escogen la clase electiva de Ciencias Ambientales integran los escuadrones que – bajo la guiatura de la profesora Pam Scott – clasifican los desechos a la hora del desayuno o el amuerzo.

Este año, Diana Guzmán, Tania Sosa, Yvonne Gregorio y Aimee Grullón se iniciaron en el grupo de sexto grado. “Yo he aprendido tanto sobre reciclaje”, comenta Diana Guzmán, de 11 años, quien como sus compañeras no teme ponerse sus guantes ni ensuciarse para poner todo orden.

“En casa fue mi idea separar las botellas que usamos del resto de la basura”, dice orgullosa.

“Aquí aprendemos cómo mejorar nuestra comunidad y ayudar a la gente”, explica Tania Sosa, de 12. Con la docente Scott, los alumnos también participan en otras iniciativas ecológicas, como el mapeo de las áreas de atención y fuentes de polución de su comunidad y la siembra y cuidado de un huerto.

A su lado, Yvonne Gregorio, de 11, le recuerda como era en la otra escuela a la que amabas iban. “Era un desastre, porque nadie ponía la basura como se debe”. Ella y su madre llevan las botellas que colectan a un depósito donde les pagan a cambio.

Aimee Grullón hacía con su antigua maestra de arte “carteras y otras cosas con cartón”. Hoy, ella participa en el monitoreo de los contenedores de aulas y pasillos, ayuda a retirar desechos en el conuco escolar y cuida los árboles de la escuela.

En los próximos años, ellas aprenderán también cómo reutilizar parte de esa basura creativamente.

Robbie Lock, coordinador de reciclaje de GrowNYC, explica que la meta es desarrollar mejores prácticas, recursos y herramientas que sirvan a docentes y alumnos en este camino.

“Este año queremos estar en 100 escuelas de la ciudad”, explica quien ha visto “cómo esta práctica mejora el ambiente y la cultura de las cafeterías escolares”. Más disciplina, limpieza y un mayor compromiso de los alumnos con la comunidad son – asegura – resultados plausibles a corto plazo.