La importancia de cuidar nuestros pies

Para evitar callosidades y hongos en nuestros pies, son necesarios algunos cuidados básicos.
La importancia de cuidar nuestros pies
Cuidar nuestros pies es fundamental.
Foto: Cortesía

Nueva York – Un calzado inadecuado, el mal secado al salir de la ducha y la falta de hidratación provocan que nuestros pies presenten todo tipo de problemas que, si disfrutaran de atenciones más intensas, no poseerían.

Callos, durezas u hongos son, en este sentido, las alteraciones más comunes que sufren las personas en los pies como consecuencia de malas acciones que podrían evitarse.

Hidratar la piel de los miembros inferiores es imprescindible tras cada lavado, incidiendo en la planta y los talones, donde a menudo aparecen grietas y surcos debido a esa falta de hidratación dérmica y a que son las zonas más expuestas a cuartearse y perder la tersura. Al respecto, y si la dermis está excesivamente seca, lo ideal es aplicar un bálsamo corporal graso o unas gotitas de aceite antes de dormir para que el líquido penetre bien durante el sueño y la piel se regenere.

Esa ausencia de hidratación es una de las principales causas de la aparición de callos, que comienzan siendo casi imperceptibles pero que, si no se tratan y se cuidan, suponen un problema que puede agravarse hasta el punto de que supongan un problema al andar y calzarse.

Entre los productos naturales más utilizados para hacer menguarlos están el ajo y la cebolla. Para aplicar la cataplasma hay que calentar un diente de ajo o un poco de cebolla -como se prefiera- y envolver la hortaliza en una gasa o un trozo de tela que será puesto sobre la zona de la piel afectada. Aunque si se prefiere optar por un tratamiento más intenso y que requiera menos paciencia, siempre se puede acudir al podólogo para que haga un “peeling” o los elimine mediante el bisturí.

También para tratar las rozaduras se puede acudir a la conocida piedra pómez, cuya fricción con la piel actúa como si tratara de una lija, una característica por la que debe hacerse hincapié en talones, zonas laterales y los dedos de los pies.

Gozar de una buena manicura es un buen método, por su lado, para evitar que las uñas mal cortadas y las cutículas rocen los zapatos, aunque buena parte de la causa de ello recae en la elección del calzado, ya que deberíamos comprar siempre zapatos que transpiren correctamente y que sean lo suficientemente holgados y a la vez sujetos para conservar el pie sano.

La correcta transpiración es mucho más que una cualidad que debería tener el calzado. De hecho, se convierte en algo necesario para evitar problemas con los hongos y no llegar a lo que se conoce como pie de atleta. En este sentido, debemos saber que de media y a través de la sudoración de nuestros pies perdemos cerca de un litro de agua al día, y que, si el calzado no está diseñado convenientemente para permitir la oxigenación y la transpiración, nuestros pies pueden convertirse en el caldo de cultivo ideal para la aparición de los hongos.

Sin embargo, y más allá de los cuidados básicos, visitar al menos una vez al año al podólogo es necesario para mantener nuestros pies sanos y bien cuidados, una necesidad más imperante para los diabéticos, que siempre deberían visitar al especialista, ya que sus pies tienen una estructura diferente y que necesita mayores cuidados.