Loisaida da señales de vida en la oscuridad

Los daños son incalculables, mientras los vecinos permanecen sin luz ni agua

Loisaida – Tras la tormenta, el Lower East Side es una zona de desastre que da señales de vida. A su paso, el agua dejó daños incalculables en edificios y negocios de la zona, especialmente cerca de la planta de ConEdison entre las calles 14 y avenida Loisaida.

Nelson Sepúlveda, conserje boricua de los edificios 638 y 640 de la calle 14, no ha parado de limpiar troncos, hojas y miles de escombros que la corriente dejó a su paso el lunes. Los 40 departamentos no sufrieron daños, pero el agua llegó hasta el techo del sótano donde estaba su oficina, los medidores de electricidad y gas y un calentador de $50,000.

“La gente no entiende que aunque ConEd restaure la luz, todo el sistema del edificio está mojado y no funcionará”, explica mostrando el techo arruinado del espacio.

Autos apilados sobre la acera quedaron inservibles. En uno de los estacionamientos subterráneos del proyecto de vivienda Campos Plaza de NYCHA aún muchos aún están cubiertos a medias por el agua. En áreas públicas, cuadrillas trabajan para limpiar escombros y hasta ratas muertas que hay por doquier.

Operada del corazón, Dorita Reid se mudó temporalmente de su residencia del piso 13. “Yo perdí más de $300 en comida y perdí mi auto y el de mi hijo”, rememora quien desde su ventana filmó la explosión de la planta eléctrica que dejó sin luz al Lower East Side. En su Ipad atesora crudas imágenes de la tragedia.

Del otro lado de su calle, David Mec veía con horror cómo en su tintorería ABC Cleaners, el agua aún permanecía al tope de su sótano de 6 pies de altura. “La máquina de lavado al seco, que cuesta $55,000 no sé si volverá a funcionar; abajo tenemos el compresor, aspiradoras, computadoras y más”, cuenta sin poder saber a ciencia cierta la magnitud de lo perdido.

En la esquina de la calle 10, voluntarios de la organización Times-Up improvisaron una estación de recarga de celulares, que funciona con energía generada a pedal con una bicicleta.

“Aquí hay que tener paciencia y si hay que pedalear, pues todos podemos hacerlo”, dijo la dominicana Verónica Canturema. Por el servicio, “la gente dona lo que puede”, destacó su compatriota Ingrid Peña, quien esperó hasta 45 minutos por su turno. Otros locales con generadores también dejaban cargar los equipos.

En la calle Columbia, en los proyectos Baruch Houses, decenas de personas hacían cola para llenar envases con agua de los hidrantes.

A la espera, la puertorriqueña Conchita Soto, quien sufre de asma y tiene 67 años, trataba de imaginar cómo haría para cargar los contenedores hasta el piso 11.

Con su hija Olivia, se aprestaba a caminar por la zona para conseguir café, pan y baterías para un televisor. A su lado, su vecina boricua Jeannie González le advertía: “Mira que las bodegas se están aprovechando y cobran de más; pero nosotros los latinos sabemos bien como sobrevivir”.

Supermercados de la zona permanecían cerrados. Según Sam Ali, gerente de Key Food Fresh en la calle Columbia, en su local se perdieron todas las carnes y quesos por la falta de luz. “No podremos abrir así porque es un riesgo muy grande”.