Dramática experiencia para ancianos

Manhattan – Preocupación, miedo, ansiedad y muchas oraciones acompañaron a las personas de la tercera edad durante el huracán Sandy.

Ayer, con la vuelta a la normalidad, el Centro ARC FT Washington -en el 4111 de Broadway- bullía con actividades sociales y en el comedor almorzaban 145 de sus 175 pacientes. Allí se encontraban la cubana Rosa Chuy -fiel lectora de EL DIARIO que pasó el huracán en casa con su esposo- la ecuatoriana Olga Chico -que se fue con su hijo a Nueva Jersey- la peruana Irma Salinas -que vive con su hija y rezó para que nada pasara- mientras que la dominicana Digna Martínez tenía ¡tal depresión! que llamó a su hijo para que estuviera con ella.

Todas elogian al centro, pero lo que ha conmovido más a sus habituales ocupantes es que, a pesar de que por orden preventiva municipal estaba cerrado desde el lunes, los trabajadores del mismo les llamaron el martes.

“Nos preocupamos de que algunos ancianos no tendrían comida”, dijo Nally Martínez, una de las trabajadoras del centro. Los que viven por la zona acudieron y llamaron a los habituales del comedor encontrando que 13 familias no tenían nada que comer.

“Les hicimos sándwiches y se los llevamos, son personas que no tienen familia en este país e incluso lloraron cuando llegamos. Una se ha roto la cadera dos veces y cuando fuimos, aprovechamos para hacerle un café y se puso muy contenta porque hacía dos días que no lo tomaba”, cuenta Martínez que asegura que “hay una gran necesidad en Washington Heights aunque no se vea”.

“Eso de llamar a la gente no lo hacen otros centros”, dice Chuy. Para aquellos que como Chuy, Chico, Salinas y Martínez tuvieron compañía y comida, aunque el ciclón les privó de acudir al centro que es una parte importante de su vida, por ser su lugar de socialización y aprendizaje.

“Nos sirve de terapia porque tiene muchas actividades que te mantienen ocupada”, dice Chuy que estudia allí computadoras y califica las clases de “fabulosas”. “Ya he aprendido a usar Facebook, el correo electrónico, el diccionario ¡y hasta a buscar cómo traducir!”, afirma Chuy.

Salinas está aprendiendo a tocar el piano, la guitarra, canta en el coro y además explora: “Voy a visitar todos los centros de la zona y éste es el número uno. Aquí hay vida, mucha limpieza, hasta los baños están limpios, enseñan de todo y la comida es rica. El personal es muy bueno ¡hasta la iluminación es buena!, en otros centros hay poca luz”, afirmó.

Martínez, a pesar de sufrir del corazón y tener un marcapasos, va a clases de danza y canto y es parte del Comité del Centro. “Eché de menos el centro ¡demasiado!”, declaró.

“Se pasa bien aquí, yo coso en la casa y me voy, pero si me quedo y están cantando o tocando entro”, afirmó Chico reflejando alegría.