Sobrevive a Sandy con 96 años ¿y después?

Sobrevive a Sandy con 96 años ¿y después?
Después de vivir 96 años, ahora Gregoria Coss tuvo que sobrevivir a un huracán y la debacle que causó en su barrio del Lower East Side. En el círculo su hija Emma.
Foto: Saundi Wilson / especial edlp

Nueva York – Días antes de la llegada de Sandy, Gregoria Coss se debatía entre la vida y la muerte en el hospital Bellevue. A sus 96 años, con un marcapasos en su corazón debilitado y los pulmones llenos de líquido, la puertorriqueña fue una de las víctimas silentes que dejó el ciclón.

“Mi mamá vino a Nueva York en 1972, después de quedar viuda de mi padre”, recordó su hija Emma. Desde ese momento, siempre ha vivido en el Lower East Side, que resultó seriamente afectado por consecuencia de las inundaciones que causó Sandy.

Su madre reside en el 72 de la calle Columbia, uno de los edificios que debieron desalojarse al explotar la planta eléctrica de ConEd en el Lower East Side.

Con dificultad por su frágil estado de salud, la anciana fue mudada a casa de sus familiares en la calle Stanton, donde la falta de luz, comida y calefacción empeoraron aún más su condición.

“Ella no puede respirar por la flema que tiene en los pulmones, pero no teníamos electricidad para usar la máquina que le ayuda a extraerla”, acotó la hija de 57 años. Sus familiares no quisieron arriesgarse a bajar a la anciana por las escaleras y trasladarla a un hospital.

“El pecho le dolía por la flema y de tanto toser”, contó Emma de esos días amargos. Ante la falta de una cama médica, la única salida para que no se asfixiara fue tenerla sentada en un sofá, sostenida por cojines.

Durante el corte eléctrico, para que el departamento estuviera caliente mientras afuera hacía cerca de 40 grados, la cocina a gas siempre estuvo prendida, a pesar del riesgo que eso significaba.

Durmiendo en una cama improvisada en la sala, Gregoria recibió atención de otras cuatro hijas, que vinieron de Puerto Rico por su gravedad y sus vuelos fueron suspendidos por el fenómeno. Pero ellas volvieron a la isla ayer y Emma –inhabilitada por una lesión en los discos de su columna – quedó a solas al cuidado de la anciana.

“En su casa, ella tenía cuatro personas que la atendían, pero hasta ahora ninguna de ellas ha podido venir a trabajar porque no hay transporte desde donde viven en Queens”.

Aunque sobrevivió al huracán y al caos posterior, el corazón de Gregoria se debilita cada día más. Pero ni un ciclón pudo robarle el ánimo para sonreír y responder que está “un poquito mejor” cuando se le pregunta cómo se siente.