Muchísimas gracias…a pesar de todo

Muchísimas gracias…a pesar de todo

Hace unos días me topé con una de esas encuestas nada científicas en el Internet. Preguntaban cuales eran las cosas por las que me sentía más agradecida. Los resultados de los que ya habían votado fueron los siguientes: 1. Mi familia; 2. Mis hijos; 3. Mis amigos; 4. Mi casa; 5. Mi salud; 6. Mi empleo.

Puede parecer a primera vista que los participantes solo pensaban en ellos, pero hay que aclarar que esa encuesta es sumamente defectuosa, ya que nada más ofrecía esas seis opciones. Solo pedían ponerlas en orden de prioridad.

Aunque me entretiene participar en esos estudios, esta vez no me molesté en priorizar esas gratitudes. Rehuso aceptar que si yo no tuviera familiares o amistades, o estaría desamparada, enferma o desempleada no tendría nada por qué estar agradecida.

Claro que es fácil decir esto cuando tengo, y agradezco tener, todas esas seis cosas. Pero, si la super tormenta Sandy hubiera destruido mi casa, ¿me sentiría igual?

Pienso que aun así, estaría agradecida de lo más importante: primero, estar viva para lamentar la pérdida de mi casa, y segundo, tener esperanzas de reconstruirla o de encontrar otro techo que me protegiera.

Thanksgiving Day es una fiesta netamente norteamericana. Y tiene sentido, puesto que esta es una nación de inmigrantes y peregrinos. Por eso la intención y simbolismo original del Día de Acción de Gracias fue la de agradecer haber logrado llegar sanos y salvos a una nueva tierra después de un difícil viaje y compartir alimentos con los extraños que ya estaban allí cuando llegamos y agradecerles su hospitalidad.

A la larga, las cosas no resultaron muy placenteras para los habitantes originales que eventualmente se vieron desposeídos de sus tierras y su cultura. Y ese ciclo histórico/demográfico continúa hasta el día de hoy. Con cada ola de nuevos inmigrantes, los “nativos” se sienten amenazados y temerosos de ser desplazados por los recién llegados, ya sea a punta de lanza o a punta de boleta electoral.

Con el tiempo, la celebración del Thanksgiving se ha ido deteriorando, ha cerrado la puerta a los extraños y en la mesa solo cabe el clan, la tribu, los conocidos. Se le rinde honor al pavo, un animal que en realidad le gusta a muy poca gente, al cual añadimos platos típicos de donde vinimos –arroz con gandules o tamales de raja— para sentirnos más en familia.

En los últimos años se ha añadido algo nuevo: después de la ‘jartera’ y de dar gracias por la ‘jartera’ y todas las otras ‘cosas’ que ya tenemos, ir corriendo enloquecidos a hacer shopping para aprovechar los descuentos.

Sería bueno que este año que nos ha dado duro, demos gracias por cosas diferentes, cosas de las que no somos ni seremos dueños y que van más allá de lo exclusivamente personal e inmediato.

Esta tarde en la cena, antes de probar bocado, exprese su agradecimiento por algo que no esté sobre o alrededor de la mesa. Algo grande. Como por ejemplo, dar gracias por vivir en el planeta más hermoso y luminoso de las galaxias conocidas y prometer cuidar mejor el aire y el agua que nos ofrenda.

Y siempre claro, gracias a la vida. Que disfruten el pavo. Luego, mañana o el sábado (¿cuál es el apuro?) vayan caminando a hacer sus compras en tiendas locales.

doloresprida@aol.com