El arte de retocar al Niño Dios

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El arte de retocar al Niño Dios
Juan Carlos Oriuchi se dedica con esmero a retocar las estatuillas.
Foto: especial EDLPFotos Victor Matos

Nueva York — Sumamente concentrado y con absoluta precisión, Juan Carlos Oriuchi devuelve a las estatuas del Niño Dios y figuras de santos maltratados y rotos, la belleza que tuvieron cuando eran nuevos.

En su pequeño taller, rodeado de pinturas, pinceles y figurillas maltrechas, el restaurador mexicano de ascendencia japonesa pasa jornadas de hasta 12 horas remodelando dedos y brazos mutilados, cubriendo raspones y sustituyendo esmalte gastado.

El artista de 30 años apenas deja su trabajo para comer, pues cientos de clientes esperan ver radiante a su Niño Dios, para presentarlo en la Misa de Gallo la noche del 24 de diciembre.

Oriuchi, que trabaja en la tienda de su familia Rosa de Guadalupe, en el 88-16 Roosevelt Avenue, aprendió el oficio hace cinco años en México, decidido a ayudar a su madre, Juanita Jiménez, de 65 años, a hacer crecer el negocio que estableció en 1999.

“Cada figura es especial para una familia y por ello me entrego al trabajo, realmente me concentro para no cometer errores”, aseguró el restaurador, mientras pintaba con esmero un pequeño Niño Dios.

En lo que va del año, Oriuchi reconstruyó 544 figurillas, la mitad de ellas desde octubre, cuando las familias latinas se preparan para los festejos navideños.

El artesano explicó que para reparar un brazo roto, recurre a una mezcla de yeso que deja secar por unos tres días. Luego pule el área con una lija especial y con suma precisión, para darle un acabado suave. El último paso es pintar la zona con un tono que se asemeje al resto del cuerpo.

“La reparación de dedos es lo más común, pero cuando se trata de restaurar un rostro, el trabajo requiere más dedicación”, explicó.

En promedio, Oriuchi invierte hasta dos semanas cuando se requiere remodelar con detalle alguna figura religiosa. Para un Niño Dios con poco daño, generalmente emplea de dos a cuatro días. Los precios por trabajo van de los $20 a los $140, dependiendo del tamaño de la pieza.

Juanita Jiménez, madre, apuntó que la víspera de Misa de Gallo y el Día de la Candelaria son las épocas más ocupadas para su negocio. Con una sonrisa recordó que sus dos hijos y su esposo viajaron a su país de origen para aprender la restauración de santos, pero sólo Juan Carlos demostró tener el talento.

“Nadie en la familia tiene el don en las manos. Mi hijo hace que un par de ojitos realmente tengan vida, como si de verdad estuvieran viendo”, manifestó.

Otro restaurador que se ha dedicado por una década al oficio es don Evaristo Asomoza, quien tiene su taller en la la calle 57 y la Quinta Avenida, en Sunset Park, de Brooklyn.

“Mi cuñada nos enseñó a toda la familia, ese conocimiento fue la herencia más valiosa y honramos su memoria con cada Niño Dios que reparamos”, indicó.

El artesano comentó que en los últimos tres meses remodeló unas 300 figurillas y que sus clientes son en su mayoría fieles mexicanos, colombianos y ecuatorianos.

“Mi esposa y yo tratamos de transmitir este arte a nuestros niños, no queremos que la tradición muera con las nuevas generaciones”, agregó.