Jenni Rivera rompía estereotipo de mujer

La popularidad de la desaparecida cantante tenía que ver con mucho más que su forma de cantar

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Jenni Rivera rompía estereotipo de mujer
Una admiradora de Jenni Rivera la recordaba en el servicio del miércoles en el Anfiteatro Gibson de Los Ángeles. AP

Teresa Pérez era fanática de Jenni Rivera más por la forma de ser de la cantante que por su música.

“Porque muchas de sus canciones eran basura”, reconoció en referencia a las letras que halagan el estilo de vida de los narcos, como La Jefa de Jefas, en la que alardea que es una dama traficante y que entra al negocio prohibido para salir adelante porque sus hijos se estaban muriendo de hambre.

De 32 años de edad y mexicoamericana, al igual que Jenni Rivera, Pérez considera que la finada cantante representaba a la mujer valiente y luchona.

“No era la típica mujer sumisa que se conoce en Latinoamérica”, mencionó. “Yo me identificaba con ella porque así son mis relaciones con mis novios, yo soy la que lleva los pantalones y no me gusta que me vean la cara de pendeja”.

La popularidad de Jenni Rivera tiene que ver con su carisma, la cultura del esfuerzo de una vida plagada de sin sabores, con la incursión a un campo musical masculinizado y al interpretar canciones desafiantes, expone el sociologo José Manuel Valenzuela.

Como director del Departamento de Estudios Culturales del Colegio de la Frontera Norte (El Colef), de Tijuana, Valenzuela establece que por el tipo de letras que canta, más allá de los vinculados al narcomundo, Jenni Rivera rompe con la imagen estereotipada de la mujer sumisa y abnegada que sufre con resignación los agravios del macho, para así colocarse en la vertiente de mujeres bragadas al estilo de Paquita la del Barrio o Lupita D’Alessio.

“Jenni Rivera expresa esa doble condición que ha marcado la historia social de la población de origen mexicano en Estados Unidos, y que tiene que ver con la figura que logra triunfar dentro de las industrias culturales de ambos países, pero que al mismo tiempo recupera con orgullo su herencia cultural”, dijo el sociólogo.

Para el programador de radio, Pepe Garza, de la estación KBUE-FM, la aceptación del público surge por esa identidad bicultural que tenían con la cantante.

“El abrazar y aceptar esas dos culturas, y el sentirse orgullosa de ello, es lo que transmitía a sus fans, no le daba miedo ni vergüenza aceptar ser hispana, decir que le gusta lo paisa, lo mexicano”, comentó.

Aunque es conocida como La Diva de la Banda, Pepe Garza considera que Jenni Rivera rompió también el esterotipo de diva y de cantante existosa, por el acercamiento que tenía con su público.

“Las canciones eran como un pretexto para conectarse con Jenni Rivera, aunque la gente iba a sus conciertos a escucharla cantar, pero cada quien tomaba algo de ella”, apuntó el programador musical.

El sociólogo Juan Manuel Valenzuela reitera que la fuerza carismática de la cantante atrajo a los sectores populares, pero también tiene que ver la asociación que se genera con esa especie de cultura del esfuerzo.

“Es la historia de la mujer que viene desde abajo, plagada de avatares, de problemas y sin sabores, que llega a la fama, al triunfo, a la aceptación, y que no reniega de su pasado, sino que lo incorpora como experiencia de vida”, mencionó.

Otro punto para entender su popularidad, explica el investigador social de El Colef, tiene que ver con la perspectiva de género que convoca, porque incursiona en un campo musical masculinizado, como lo es la banda.

“Aunque no es la única, Jenni Rivera se convierte en una figura central con canciones desafiantes como La Chacalosa, La Jefa de Jefas o La Reina de Reinas, toda una dimensión que se inscribe en lo que es esa narcocultura”, señaló.

Las letras de canciones como Se las voy a dar a otro o Parrandera, rebelde y atrevida, recalcó Valenzuela, desafía la identidad tradicional de la mujer mexicana y transgrede códigos de género.

Además, agregó el sociólogo, el final trágico acrecenta esa dimensión:

“Ese final trágico es algo así como la catapulta de estas vidas carismáticas al estilo de Pedro Infante, quien desde su muerte en 1957 se mantiene como una figura muy fuerte en el imaginario nacional, o como Selena, con enorme arraigo, carisma y simpatía, que seducía a los públicos transfronterizos”.