La fórmula mágica de los Gigantes

La fórmula mágica de los Gigantes
El venezolano Pablo Sandoval fue el motor de la ofensiva de los Gigantes de San Francisco para ganar la segunda Serie Mundial, del que fue el Más Valioso.
Foto: AP ARCHIVO

NUEVA YORK/AP — Todo transcurrió en un parpadeo, una conclusión tan rotunda para dejar atónito a cualquiera y que demostró que prenderse en una buena racha durante el mes de octubre en el béisbol de Grandes Ligas es la mejor de las dichas.

Fíjense en los Gigantes de San Francisco, campeones de la Serie Mundial por segunda vez en tres años.

Los Gigantes llegaron a estar 2-0 abajo ante los Rojos de Cincinnati en la primera ronda de los playoffs y luego se encontraron contra la pared 3-1 frente a los Cardenales de San Luis en la serie de campeonato de la Liga Nacional.

Al borde del precipicio, persignándose a un pitcher como Barry Zito que había tocado fondo en su espiral negativa que fue descartado del roster de postemporada que se consagró hace dos años, San Francisco no paró de ganar.

Pasaron la escoba al final, imponiéndose en sus últimos siete juegos del año en los que solo una vez se vieron por detrás en el marcador. Sus lanzadores abridores tuvieron 0.99 de efectividad en ese espacio.

Tan encendidos llegaron al ‘Clásico de Otoño’ que tumbaron a los Tigres de Detroit, abrumadores favoritos, en cuatro duelos que asemejaron un placentero trámite hasta el momento en el que Sergio Romo le pasó un strike cantado a Miguel Cabrera para el último out.

¿Qué fue lo que les encendió?

Se dice que fue el apasionado discurso del jardinero Hunter Pence previo al tercer partido de la serie contra los Rojos, imitado jocosamente por sus compañeros en el vídeo conmemorativo de la Serie Mundial.

“Todavía no me quiero ir a casa” fue, esencialmente, la consigna de Pence.

El grado de cohesión en el equipo fue tan armonioso que ni el golpe que recibieron al perder a Melky Cabrera, el Más Valioso del Juego de Estrellas, al ser suspendido tras dar positivo por dopaje pudo descarrilar su rumbo.

Tampoco se inmutaron cuando los Dodgers, sus rivales de división, incurrieron en un frenesí de fichajes: Hanley Ramírez, Adrián González, Josh Beckett, entro otros, tras completarse la venta de la franquicia.

Por enésima vez, se confirmó que los golpes mediáticos que causan las grandes adquisiciones no aseguran títulos, eso lo pueden atestiguar los Marlins de Miami o los Angelinos de Los Angeles tras quedar fuera de los playoffs luego de ser coronados reyes del invierno.

Los Gigantes, en cambio, engranaron y fueron imparables. En Baltimore y Oakland, con sus inesperadas apariciones en postemporada, también pueden presumir de lo mismo. En un nuevo estadio, el proyecto de Miami se derrumbó con un humillante último lugar, el piloto Ozzie Guillén fue despedido y la gerencia no titubeó en traspasar a las tres estrellas que habían adquirido unos meses antes: José Reyes, Mark Buehrle y Heath Bell.

En un equipo con una amalgama de actores y personalidades de toda índole, que irradiaban un entusiasmo contagioso, la figura de su regordete tercera base venezolano Pablo Sandoval sobresalió al marcar el compás en la Serie Mundial disparando tres jonrones en el primer juego, dos ante el as de los Tigres Justin Verlander.

Sandoval se convirtió en el cuarto beisbolista en la historia —después de Babe Ruth, Reggie Jackson y Albert Pujols— en conectar tres jonrones en un mismo juego de Serie Mundial y terminó con promedio de .500, que le valió ser laureado como el Más Valioso.

Esta vez, el ‘Kung Fu Panda’ se sintió participante activo de la conquista en vez del papel secundario que tuvo en 2010 tras un declive de su ofensiva, que fue atribuido al exceso de peso.

“Sé que fue un momento duro en 2010 cuando fue relegado a la banca”, dijo el manager de los Gigantes, Bruce Bochy. “Quería brillar en este escenario. Tiene un talento enorme y se encendió en el momento justo y nosotros lo necesitábamos”.

Sandoval no iba a desperdiciar la oportunidad y lo disfrutó como nadie: “En 2010 fui parte del equipo, pero no pude jugar mucho. Disfruto mis momentos. Nunca se sabe cuando tendrás otra ocasión”, declaró.

Más llamativo es que atraparon el título con un plantel muy diferente al de hace dos años. El receptor Buster Posey —declarado como el Más Valioso de la Liga Nacional— fue el único jugador de posición que estuvo en la alineación del decisivo quinto juego en Texas en 2010 que participó en el cierre de la barrida a los Tigres en el Comerica Park.

El triunfo de los Gigantes radica en una fórmula añeja: pitcheo abridor hermético, relevo dominante, buena defensa y bateo oportuno.

Tampoco está demás tener una pizca de buena suerte y reforzarse a mitad de año con jugadores como el segunda base venezolano Marco Scutaro, quien a sus 37 años fue una bujía esencial para la recta final.

Scutaro y Sandoval formaron parte de un pelotón de nueve venezolanos en la Serie Mundial, una cifra récord dentro de un año majestuoso para el país sudamericano en Grandes Ligas que incluyó también el juego sin hits lanzado por Johan Santana y el perfecto de Félix Hernández.

Pero el gran baluarte fue Cabrera, ganador de la primera Triple Corona de bateo al encabezar las categorías de promedio, jonrones y carreras impulsadas.

Desde Carl Yastrzemski en 1967, nadie había conseguido la trilogía y ello le sirvió para erigirse como el primer pelotero de Venezuela en ser laureado con el premio al Más Valioso de la Liga Americana, al superar a Mike Trout de los Angelinos, tras un caldeado debate que enfrentó los puntos de vista de los que favorecen las estadísticas tradicionales (a favor de Cabrera) versus la sabermetría (a favor de Trout).

Cabrera y Sandoval juegan en la antesala, pero en 2013 uno de los dos sacrificará la posición en marzo cuando defiendan a Venezuela en la tercera edición del Clásico Mundial, en el que Japón buscará un tricampeonato.