La cumbia se encuentra con el jazz: folklor suramericano invade NYC

El 'South American Music Festival' debuta con una nueva propuesta musical que fusiona ritmos latinos tradicionales
La cumbia se encuentra con el jazz: folklor suramericano invade NYC
El músico hispano experimenta con la cumbia colombiana.
Foto: cortesia

Nueva York — Sofia Rei con su fusión de chacarera, samba y vidala entre otros ritmos; Sofia Tosello con su sonido experimental de tango y elementos afro-peruanos; Juancho Herrera con su habilidad en la guitarra eléctrica, que usa para acercarse a las raíces africanas de nuestra cultura; y Gregorio Uribe con su “Big Band”, que pone al público a bailar.

Todos ellos se darán cita el lunes 14 de enero en Zinc Bar, en donde se celebrará el “South American Music Festival”, un evento musical que busca brindarle un espacio a artistas que al igual que ellos, tienen una propuesta alternativa con arreglos musicales de excelente calidad.

Como antesala al evento conversamos con Gregorio y Juancho, quienes entre otras cosas coinciden en pensar que lo único que les falta para consolidar su proyecto es más difusión comercial.

En las calles de Williamsburg, en Brooklyn, se respira una atmósfera artística difícil de encontrar en otros sitios de la ciudad. Saliendo del tren L, en la parada de Bedford Avenue, se observan peatones con un look particular, mejor conocidos como “hipsters”, es decir, aquellos que valoran el pensamiento independiente y progresivo, además de mostrar una apreciación particular por el arte.

Fue en medio de ese gentío que me abrí paso para acudir puntualmente a la cita con Gregorio Uribe, un músico colombiano educado en el Berklee College of Music de Boston, quien ahora se dedica a mezclar ritmos autóctonos, como la cumbia, con otros géneros musicales como el jazz, y quien para ello es acompañado por una orquesta de 16 músicos.

Después de tan solo unos minutos de esperar, apareció Uribe con su tradicional sombrero tipo Panamá, sus exóticos brazaletes y una sonrisa súper fresca. Tras las introducciones pertinentes, el músico se disculpó por un momento y regresó con dos cafés (como buen colombiano). “Es impresionante”, comenta Uribe sobre el vecindario en que nos encontramos. “Acá todo el mundo tiene algo que ver con el arte”.

Pronto recordamos que el tema de la charla no es Williamsburg, sino el festival, y cambiamos la temática. El intérprete manifiesta que se encuentra complacido con su participación en el evento, el cual curiosamente fue organizado por Aurelie Cotugno, una francesa decidida a impulsar la música del sur del continente, a como dé lugar.

Mientras habla acerca de su pasión por la música folklórica, lo primero que se me viene a la cabeza es que con esa pinta Uribe podría pasar perfectamente por un rockero tipo Juanes.

“Yo me enamoré del vallenato hace mucho tiempo, y aprendí a tocar el acordeón”, manifiesta. “Es normal que cuando estas fuera de tu país quieras volver a tus raíces. En la universidad escuché más sobre música cubana o brasilera, así que quise traer algo diferente”, complementa.

El cantante también comparte su admiración por los integrantes de su grupo, con quienes se presenta religiosamente en Zinc Bar, el primer jueves de cada mes. “Son músicos muy comprometidos con la banda, pero obviamente también tienen sus proyectos independientes. Este año vamos a hacer una recolecta de fondos para grabar nuestro primer disco”, dice ilusionado.

El tiempo se nos fue rápido, así que tuvimos que cerrar con una pregunta a veces incómoda para algunos intérpretes. Dada la juventud de Uribe y su formación artística quisimos saber qué le hace falta para consolidarse, a lo cual el músico respondió con frescura.

“Creo que honestamente y tristemente todo resulta ser cuestión de dinero…los artistas sólo pueden hacer hasta cierto punto”.

La conversación con Juancho empezó con una connotación más política que musical.

“La gente cree que Chávez es la única solución o el único problema”, dice el músico. “Hay un libro que se llama los ‘Amos del Valle’ y relata hechos desde la fundación de Caracas hasta la muerte de Simón Bolívar, y te explica por qué Venezuela está así en estos momentos”, añade.

Juancho prosigue hablándonos sobre la época de la colonia en Colombia y Venezuela, y a esas alturas nos damos cuenta de que si alguna vez decide abandonar la música, Herrera también podría encontrar carrera como profesor de historia.

“Tú tienes que conocer tu historia para poder llevarla a otro nivel, como el arte”, afirma.

Pero el guitarrista no vive en Venezuela desde hace mucho tiempo, y ahora debe traer esas tradiciones del pasado a su otro hogar, los Estados Unidos, en donde lleva 20 años y donde ha abierto puertas con gran esfuerzo.

“Era otra época cuando llegué, no había internet y eran muy pocas las personas interesadas en hurgar sobre su pasado latinoamericano, especialmente los países de Suramérica que no tienen tanta referencia internacional”, comenta.

Es por ello que tras integrarse al Berklee College, Herrera se dio cuenta de que lo único que lo haría diferente era su cultura. Entonces se dedicó a buscar un sonido propio, el cual hoy en día tiene como punto de partida a las tradiciones africanas, que según él, son el elemento común entre diferentes regiones de las Américas.

Para el venezolano este festival es una oportunidad de medir la aceptación que esta propuesta musical puede tener entre el público neoyorquino, y manifiesta que es un placer realizar el experimento con este grupo de colegas, con quienes ya ha colaborado.

“Somos gente que vive investigando nuestras propias raíces e intercambiando. Todos somos cantautores de alguna manera y también somos grandes amigos”, dice.

Herrera es sin duda optimista sobre las posibilidades que tiene de expansión comercial, y para ello compara su situación con lo que fue el proyecto de la Fania-All Stars. “Ellos se juntaron y triunfaron el Latinoamérica. Así mismo, lo único que nos falta a nosotros es visibilidad, como suramericanos si nos mantenemos en nuestras pequeñas comunidades es difícil que hagamos un crossover”, manifiesta el artista.

Esa difusión ya está tomando lugar internacionalmente, y de hecho, Herrera nos contó que ha dictado clases de música en India, en donde los actores de Bollywood aprenden sobre estos ritmos; y que también grabó un cuatro en la última producción de Alejandro Sanz, además de participar en el disco de Idan Raichel, un conocido artista israelí.