La estrella de Texas del Partido Republicano

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Hace diez años, me senté a cenar con un amigo en Washington, un abogado de unos 30 años, graduado en una universidad del Ivy League. Estábamos con nuestras esposas. Dos parejas sin hijos que disfrutaban de una noche sin preocupaciones, antes de los días en que salir a cenar implica averiguar si el restaurante será “hospitalario con los niños”.

Mi amigo, republicano, hispano de Houston que trabajó en la campaña 2000 de Bush-Cheney y después reclutó abogados para supervisar el conteo de votos en Florida, también trabajó en el Departamento de Justicia y en la Comisión Federal de Comercio.

Ese abogado era Ted Cruz, quien ahora es el primer senador hispano de los Estados Unidos en la historia de Texas. En una muestra de respeto y reconocimiento de lo que este hombre de 42 años podría hacer para ayudar al Partido Republicano en un momento en que se codicia a los hispanos como electorado, Cruz fue nombrado vicepresidente del Comité Nacional Senatorial Republicano —sólo ocho días después de salir electo.

Ya se está hablando de él como un posible candidato presidencial para 2016, a pesar de que nació en Canadá, donde su padre, Rafael, fue a trabajar después de emigrar a los Estados Unidos desde Cuba. Los peritos constitucionales expresan que Cruz podría tener la defensa de estar habilitado como “ciudadano natural de los Estados Unidos”, porque su madre era ciudadana estadounidense.

Si los republicanos desean alguna vez ganar una porción mayor del electorado hispano, a pesar de su insensible retórica sobre la inmigración ilegal, no pueden permitir que las estrellas como Cruz, fracasen. Y, si los demócratas desean conservar su control sobre los hispanos, no pueden permitir que estas nuevas figuras tengan éxito.

Cruz ya es blanco de los demócratas, por tres motivos.

Primero, como hijo de inmigrantes, Cruz tiene una gran historia personal. Después, obliga a los demócratas a trabajar más arduamente para mantener a los hispanos en su columna, cuando prefieren tenerlos totalmente controlados.

Finalmente, Cruz pega duro y no retrocede. Parece haber estado preparándose para esta gresca con los demócratas toda su vida.

Vean lo que me dijo Cruz, sólo 24 horas después de haber prestado juramento, cuando casi todos los otros senadores novatos suelen andar con cuidado.

“Pienso que la comunidad hispana es profundamente conservadora,” dijo. “Los valores que resuenan en nuestra comunidad son la fe, la familia, el patriotismo. La tasa de reclutas militares hispanos es más alta que en cualquier otro grupo demográfico”.

Tras señalar que hay 2.3 millones de propietarios hispanos de pequeñas empresas en Estados Unidos, Cruz insiste en que nuestra comunidad bulle de espíritu emprendedor.

“Los demócratas están tratando de vender a la comunidad hispana una promesa engañosa,” dijo. “Están tratando de decir a los hispanos ‘¿No sería bueno depender del gobierno?’ Pero la dependencia es increíblemente corrosiva y debemos alentar a la gente a ser independiente y trabajar para lograr el Sueño Americano”.

Cruz conoce muy bien ese sueño.

“Estaba de pie en la sala del Senado,” dijo Cruz. “Y no pude menos que pensar en 1957, en mi padre, un muchacho de 18 años, que no hablaba inglés, lavaba platos y ganaba 50 centavos por hora. Y si alguien se hubiera acercado a ese inmigrante adolescente y sugerido que en 55 años, su hijo podría convertirse en senador de Estados Unidos representando al gran estado de Texas, eso hubiera sido inimaginable para él”.

Yo largué: “Sólo en Estados Unidos, mi amigo. Sólo en Estados Unidos”.

“Es exactamente correcto,” dijo. “Es una pequeña ilustración de las increíbles oportunidades, el poder del Sueño Americano que no está presente en ninguna otra nación de la tierra como lo está en Estados Unidos. Y mi compromiso en el Senado es pasar cada día luchando para preservar el Sueño Americano, y esas oportunidades y libertad para las generaciones venideras, así como tú y yo hemos tenido la bendición de disfrutarlas”.

Demócratas, tienen buen motivo para preocuparse.