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La pesadilla de una DREAMer

¿Se enteraron de la DREAMer que se dio un porrazo con la realidad? El término denomina a lo que se estima son 1.4 millones de jóvenes indocumentados, quienes podrían beneficiarse de la Ley DREAM, por la cual recibirían la legalización a cambio de asistir a la universidad o incorporarse a las fuerzas armadas. La propuesta de ley se fue a pique a fines de 2010 en el Senado, controlado por los demócratas.

La mayoría de estos jóvenes son suficientemente listos para no llamar la atención. Pero un pequeño grupo de activistas, sucumbiendo a la cultura narcisista de su país de adopción, florece en ella.

Estos activistas se consideran estadounidenses con plenos derechos, que pueden practicar el tipo de agitación descarada que ha predominado desde los años 60. Pero, su arrogancia y radicalismo aliena a sus defensores y los coloca a ellos en peligro ante un Departamento de Seguridad del Territorio que hostiga a la comunidad inmigrante latina.

La activista que se dio el porrazo es Erika Andiola, de 25 años, co-fundadora de la Coalición de Arizona para la Ley Dream, con sede en Phoenix, y egresada de la Universidad del Estado de Arizona. Andiola, inmigrante indocumentada, fue arrestada tras acampar en frente de la oficina del senador John McCain, en Phoenix. También hizo piquetes frente al Congreso de los Estados Unidos. Apareció en la tapa de la revista Time junto con otros DREAMers. Para una persona que ni siquiera debería estar en el país, y podría ser expulsada en cualquier momento, todo esto no es exactamente lo que se entiende por mantener un perfil bajo.

Sin embargo, el activismo de Andiola también la ayudó a establecer una red nacional de amigos, aliados y defensores —red que, como verán, puede movilizarse en cualquier momento.

Los DREAMers deben haberse sentido empoderados cuando uno de ellos habló en la Convención Nacional Demócrata de Charlotte. Pero, ¿quién habla por ellos cuando un gobierno demócrata trata de deportarlos o de deportar a sus parientes?

Eso es lo que le sucedió a la madre de Erika, María Arreola, quien recientemente fue arrestada en su casa por agentes de inmigración federales y llevada esposada junto con el hermano de Erika. (La DREAMer no fue aprehendida porque se le ha concedido acción diferida y un permiso de trabajo de dos años.)

Según versiones de los medios, un oficial del departamento de policía de Mesa, Arizona, paró a Arreola y la detuvo por manejar sin licencia. Siguiendo las normas de Comunidades Seguras, un programa que el gobierno de Obama ha tratado de imponer obligatoriamente en todo el país, sus huellas dactilares fueron enviadas a las autoridades federales. Hallaron que Arreola figuraba en una lista prioritaria para deportaciones. Fue aprehendida en 1998, mientras cruzaba la frontera ilegalmente para entrar en Arizona y retornó a México. Pero volvió a entrar.

Tras los arrestos de su madre y hermano, Erika acudió a Facebook y Twitter para pedir ayuda a su red. También cargó un lloroso video en YouTube haciendo un llamado a otros DREAMers para que se deshicieran de su sentido de invencibilidad.

Tras varias llamadas de abogados de inmigración, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) emitió una suspensión de la expulsión. La familia se ha vuelto a reunir.

Parece un final feliz y los DREAMers creen que son más poderosos que nunca.

Pero, ¿es realmente el final?

Los defensores de Andiola afirman que, si no fuera por su activismo, ella no hubiera recibido la ayuda que necesitaba para liberar a sus familiares. Es cierto. Pero lo que pasan por alto es que, si no fuera por su activismo, quizás no la hubiera necesitado.

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