Inmigración y optimismo

Inmigración y optimismo
Partidarios de la reforma migratoria insisten en una vía para la legalización de los indocumentados, durante una manifestación reciente en Los Ángeles.
Foto: La Opinion

Han surgido del Senado y de la Casa Blanca propuestas para reformar el sistema de inmigración. Dentro de poco habrá una propuesta de la Cámara Baja también.

Falta mucho para que estas propuestas se conviertan en ley, y es muy posible que fracasen.

Si una reforma es posible, tendrá que incorporar dos elementos centrales: una vía más amplia hacia la ciudadanía, pero también una frontera fortalecida y castigos más efectivos para los que emplean indocumentados.

Es la única forma de construir la coalición necesaria para legislar una reforma comprensiva.

Y esto nos obliga a preguntar: ¿tiene sentido pensar que una reforma es posible?

Pienso que sí, porque hay dos factores que juegan a favor de una reforma.

Es cierto que los republicanos suelen oponerse a la reforma y que los demócratas lo suelen favorecer. Pero la inmigración no es un problema convencional, y este es el primer factor.

En los estados fronterizos hay republicanos y demócratas que están hartos del trafico humano que cruza el borde. Hay agricultores de ambos partidos en California que necesitan mano de obra durante la cosecha. Hay sindicalistas Demócratas que temen la competencia de inmigrantes. Hay banqueros Republicanos que no quieren perder sus jardineros.

El segundo factor es que los republicanos siguen traumatizados por sus pérdidas en noviembre, cuando el voto hispano fue determinante para la victoria de Obama. Muchos entienden que nunca retomarán la Casa Blanca si no logran atraer al voto hispano.

Son dos factores poderosos. El primero crea la posibilidad de un compromiso bipartidista. El segundo crea un impulso poderoso dentro del partido republicano hacia una reforma.

Y si estas fuerzas resultan en una reforma, será un resultado extraordinario en otro sentido: la mayoría a favor de la reforma tendrá miembros de ambos partidos, algo que no hemos presenciado desde que surgió una derecha extremista dentro del partido Republicano.

Será evidencia de que quizás Washington sí es capaz de funcionar.