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Drama de los niños repatriados

Mitsy Vázquez, norteamericana de origen mexicano sufre acoso escolar en las escuelas de su país por la falta de comprensión del idioma español.

Mitsy Vázquez, norteamericana de origen mexicano sufre acoso escolar en las escuelas de su país por la falta de comprensión del idioma español. Crédito: edlp

MÉXICO, D.F. — “No me llamo Mostaza”, estalló la niña en su primer día de clases, cuando sus compañeros se divertían con su nombre inglés. “Soy Misty Vázquez”, repitió antes de echarse a llorar frente al grupo de primer grado de primaria que la miraba con sorna.

-A ver, si eres muy muy americana… ¡habla inglés!- la retó el más valentón de los chiquillos, desternillado de risa por el enojo de la otra.

Este incidente fue uno de los tragos más amargos de la corta vida de Mackenzy, según recuerda desde hace dos años.

No olvida la frustración que sintió por no poder responder en un español de altura y hoy es un manojo de confusión: enterró su inglés como un mecanismo de defensa, pero tampoco se siente integrada. “A veces quisiera que los niños no me hablaran”, reconoce.

Mackenzy es víctima de una situación cada vez más frecuente en las aulas de la educación básica en México: el bouling o acaso escolar a los hijos de los migrantes de retorno.

Carla Pederzini, analista del departamento de economía de la Universidad Iberoamericana observa que el lenguaje sorprende e intimida a esta creciente comunidad de menores.

Desde 2009, las cifras oficiales en México y de organismos no gubernamentales coinciden en un incremento de infantes nacidos en EE.UU. que regresan a México, aunque el número de estos tiene diversas variables.

Hace cuatro años, la Organización de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) cifró en 30,000 el número de menores; 12 meses después, el Instituto Nacional de Migración contabilizó 19,296 niños repatriados y en 2011 poco más de 15,000.

El Censo Nacional de Población y Vivienda contabilizó en 2010 un promedio quinquenal de 740,000.

“El endurecimiento de las políticas migratorias impedía a la familia venir al país y familiarizar a sus hijos con sus costumbres como lo hacían antes y por ello los niños son más vulnerables: son extranjeros en el país de sus padres”.

Para atender a esta población, la Secretaría de Educación Pública diseñó el Programa Binacional de Educación Migrante (Probem).

Prometió facilidades para la inscripción, becas y enseñanza del inglés vía internet con atención especial para corregir “errores de pronunciación”; sin embargo, esta capacitación y sensibilización no ha llegado a todo en todo el país y ni siquiera de manera integral en la frontera.

“Aún no tenemos estrategias planeadas por docentes que les diga a estos niños cómo aprender español”, reconoció la directora de Probem en Baja California, uno de los estados con mayor recepción de repatriados que ya focalizó su atención al lenguaje.

Más sur del país, la situación no es mejor. Bachilleres como Felipe Martínez han tardado hasta seis meses para ser admitidos en las escuelas por sus actas de nacimiento norteamericanas a pesar de que la Ley de Migración ordena la educación de los menores, independientemente de su condición migratoria.

“Fui por seis escuelas antes de que una aceptara a mi hijo”, asegura Margarita, madre de Martínez.

Una vez en las aulas el chico requirió atención psicológica por su constante depresión. Tras varias sesiones, la terapeuta sugirió regresarlo a EE.UU., de ser posible.

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