Margarita Rosa: Angel guardián de Sunset Park
Margartia Rosa es activista de Sunset Park que ayuda a mujeres con cáncer cervical y de seno. Crédito: <copyrite>EDLP</copyrite><person>Zaira Cortés< / person>
Nueva York Margarita Rosa tiene como memoria de su antiguo trabajo, en el Hospital Lutheran Medical Center, el llanto inconsolable de una mujer de edad madura luego de ser diagnosticada con cáncer de seno.
La activista puertorriqueña comentó que la actitud de la paciente era como si hubiera sido castigada con una sentencia de muerte, hecho que la conmovió hasta tomar la decisión de renunciar a su empleo, al considerar que no hacia lo suficiente.
Pese a tener sobre los hombros la hipoteca de su casa y una familia que cuidar, Rosa no se detuvo en su lucha por aligerar la pesada carga de madres pobres con cáncer, y fundó una organización (Margarit’s Group-Breast and Cervical Cancer Survivor’s Support Group) en Sunset Park que con pocos recursos salva vidas.
¿Por qué decidió crear un grupo de soporte para sobrevivientes de cáncer cervical y de seno?
Trabajando en el hospital noté que las diagnosticadas con cáncer se enfrentan a barreras que las obligan a abandonar sus esperanzas y hasta su tratamiento médico. Muchas son inmigrantes que están solas, no hablan inglés y no conocen el sistema de salud. Luego del diagnóstico positivo ellas necesitan una amiga que las ayude, que sepan que el cáncer no es una batalla perdida.
¿Cómo ayuda el grupo?
Hablan con otras mujeres que sobrevivieron al cáncer. Muchas latinas no conversan con sus familias porque las educaron para olvidar sus necesidades al cuidar de otros. En el grupo consiguen consuelo y fuerza para seguir, para sentirse bellas luego de la quimioterapia o de una cirugía. Es un proceso duro que hunde en la depresión a muchas, pero nosotras tratamos que esa mala época sea menos tormentosa.
¿Qué la anima a ayudar, cuando usted no es una sobreviviente del cáncer?
Me pongo en los zapatos de ellas y pienso que quisiera yo si estuviera enferma, o con algún ser querido en la misma situación. Cuando una mujer es diagnosticada, la acompaño desde ese momento hasta que se recupera, paso con ella quimioterapias y cirugías, visitas al médico, elegir la peluca, soy parte de todas esas experiencias que no deberían enfrentarse a solas. Muchas me ven como un ángel guardián, pero soy sólo una mujer que quiere ayudar.
¿Qué tan difícil es ayudar con pocos recursos?
He sacrificado parte importante de mi vida familiar y económica, y a veces es tan difícil que digo ya no más, pero en ese momento una mujer toca la puerta pidiendo ayuda, y las fuerzas regresan a mí. Tenemos mujeres de El Bronx y Manhattan, y vamos a donde ellas. La comunidad y mi esposo son mi más grande apoyo.
¿Qué las satisface más de esta lucha?
Ayudar a salvar vidas. El servicio gratis de mamografía ayuda a que hijos no pierdan a sus madres. Para mí la sonrisa de una mujer sobreviviente vale un millón de dólares, y es la única paga que quiero tener.
