El plan de Saulito

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Me ha dicho mi hijo Saulito que quiere regresar a su país—el país donde nació y donde vivía durante los primeros diez años de su vida—para cumplir una misión. Piensa recoger cartas de niños en todos los Estados Unidos cuyos padres enfrentan la deportación, y luego entregarlas al presidente Barack Obama.

Saulito también desea recoger cartas de niños como él, que son ciudadanos estadounidenses que viven en México, muchos con un padre deportado a México y otro en los Estados Unidos.

Luego propone encontrarse conmigo en la frontera con una delegación de niños de ambos países, juntar todas estas cartas, entregarlas al congresista Luis Gutiérrez para que él las entregue al Presidente y al Congreso.

“Saulito” le dije, “eso me parece muchísimo trabajo. Requeriría bastante tiempo y dinero”. Noté su mirada, muy parecida a su mirada en 2002 cuando, por primera vez, me detuvieron en nuestro apartamento. Tuvo la misma mirada cuando me arrestaron otra vez en California después de haber salido de mi santuario en la iglesia para intentar viajar a Washington para dirigirme a los congresistas.

Me acuerdo bien aquella mirada cuando me dijo que deseaba quedarse en los Estados Unidos para luchar a favor de nuestro derecho de permanecer. Me acordé de los niños que habíamos encontrado cuando trabajábamos en la frontera para recibirlos a ellos y a sus padres cuando fueron deportados, o cuando, otra vez, intentaban cruzar la frontera hacia el norte para estar de nuevo con sus familias.

Hay un lazo entre todos estos cinco millones de niños ciudadanos estadounidenses. Cada uno entiende el temor que padecen todos los demás. También su ira.

Hablé por teléfono a mis amigos en los Estados Unidos para explicarles el plan de Saulito. ¿Acaso será necesario?” les pregunté, dado que hay un nuevo intento de lograr aprobar una ley.

Me dijeron es que el presidente Obama ha negado suspender las deportaciones mientras que los políticos hablan de la legislación. Eso significa que otras 500,000 personas serán deportadas durante los juegos de politiquería este año. Pensaba que esto se había acabado el año pasado cuando comprobamos que el presidente dispone del poder ejecutivo para poner alto a las deportaciones y cuando concedió un aplazamiento a los soñadores, justamente antes de las elecciones. ¿Entonces por qué no hace lo mismo para sus padres y para los padres de los cinco millones de niños ciudadanos?

También me explicaron que algunos congresistas están considerando restricciones que negaría a millones de padres el derecho de permanecer con sus hijos ciudadanos norteamericanos. Es que los demócratas y el presidente exigen que la legislación contenga un camino (bastante largo) a la ciudadanía, y los republicanos en la Cámara de Representantes están en contra.

Que quede bien claro que yo pienso que los soñadores merecen la ciudadanía. Pero nuestra prioridad es regresar para estar con ellos. Aceptamos inscribirnos, pagar multas, aprender inglés, pero lo que más deseamos es estar con nuestros hijos.

Venimos a los Estados Unidos para sobrevivir; no para “el sueño americano” sino por razón de la pesadilla americana de políticas económicas que han devastado las economías de nuestros países.

¿Acaso el Presidente nos ha preguntado que es lo que nosotros deseamos? ¿Acaso los líderes del Congreso han mirado a los ojos de los niños? Por cuánto tiempo más van a marcar con cicatrices a los corazones de estos niños? A lo mejor el plan de Saulito debe probarse.