¿Está siendo alarmista la agroindustria?

Varios inmigrantes hispanos en plena labor agraria en un campo de Fillmore, California.

Varios inmigrantes hispanos en plena labor agraria en un campo de Fillmore, California. Crédito: archivo

La industria agraria sostiene que un programa de trabajadores huéspedes es necesario porque si legalizan los trabajadores agrícolas actuales no autorizados, resultará en un éxodo masivo del trabajo agrícola. Pero la reforma migratoria no causaría un éxodo.

Echemos un vistazo a lo que ocurrió con los trabajadores del campo que fueron legalizados por la Ley de Control y Reforma de la Inmigración (IRCA) en 1986.

La Encuesta Nacional de Trabajadores Agrícolas (NAWS), llevada a cabo por el Departamento de Trabajo desde octubre de 1988, muestra una caída dramática de los trabajadores agrícolas extranjeros.

Pero había otros factores en juego.

Hubo dos programas que legalizaron los trabajadores agrícolas bajo IRCA: el programa en su mayoría urbana, de legalización general, y el Programa de Trabajadores Agrícolas Estacionales (SAW). Esta última fue la fuente más grande de trabajadores agrícolas legalizados entre 1986 y 1988. La Encuesta de Trabajadores Agrícolas muestra que en 1989, a la finalización del período de legalización, los legalizados por los dos programas combinados representaron el 55% de todos los trabajadores agrícolas extranjeros, pero esto aparentemente bajó en la primera década después de la legalización.

¿Qué pasó? ¿Por qué se fue un grupo aparentemente grande de los recién legalizados en los primeros años después de IRCA, y por qué se quedó el resto? Lo que muchos observadores fallan de ver en este escenario es que esta salida no se debió a IRCA, sino que representó el patrón histórico de los trabajadores agrícolas en Estados Unidos.

Debido a los bajos salarios y el bajo número de días de trabajo al año, muchos trabajadores agrícolas trabajan por corto tiempo y solo se quedan dos o tres años en la agricultura.

El porcentaje de los que informaron que eran legalizados por IRCA entre los nacidos en el extranjero disminuyó de 55 a 18% en los primeros años y se quedó allí. Los trabajadores que se fueron no se fueron porque se legalizaron, sino porque sólo seguían el patrón histórico de los trabajadores de esta industria.

Además, la velocidad a la que los trabajadores agrícolas recién legalizados se fueron de la agricultura era en realidad considerablemente más baja que la que los números sugieren, por varias razones.

En primer lugar, algunos de los trabajadores del campo legalizados que parecen haberse “ido” según la investigación federal, en realidad se elevaron en puesto o pasaron a otro lugar dentro de la agricultura o en puestos técnicos de mecánica, y operadores expertos de equipamiento. No “se perdieron”; su migración laboral formó parte de la dinámica de la fuerza de trabajo normal.

Además, la “partida” de otros trabajadores agrícolas no es el resultado de la legalización –sólo la edad y el paso del tiempo.

¿Qué significa esto para la reforma migratoria en el 2013? Para predecir cómo los trabajadores agrícolas legalizados por una eventual reforma migratoria se comportarían en un futuro mercado laboral, debemos mirar su verdadero potencial de movilidad en el mercado laboral.

NAWS muestra que casi la mitad (48%) de la población de trabajadores agrícolas nacida en el extranjero no habla nada de inglés y que más de un tercio (37%) habla “un poco” de inglés.

La educación limitada de los trabajadores agrícolas nacidos en el extranjero, restringe su movilidad en el mercado laboral.

Les resultará aún más difícil para ellos que para los campesinos durante la era de IRCA encontrar empleo en otros sectores de la economía. El mercado de trabajo no-agrícola de hoy es mucho más exigente.

NAWS también muestra que el mercado de trabajo en la agricultura se ha ido estabilizando en los últimos años. Los trabajadores ahora encuentran más días de trabajo al año.

Si hay un éxodo masivo de campesinos legalizados, la reforma migratoria no será la causa. Hay pasos que los empleadores pueden tomar para reducir la pérdida de trabajadores agrícolas que podrían obtener un estatus legal en 2013.

Estos incluyen la prestación de seguro de salud, la mejora de las condiciones de trabajo, la coordinación con los productores para proporcionar más días por año de trabajo a cada trabajador, utilizando la tecnología para aliviar el estrés del trabajo, y proporcionando a los trabajadores vías de carrera dentro de la agricultura.

Durante más de medio siglo, la industria ha abogado por “excepcionalidad agrícola”. Pero los datos no muestran la necesidad de un tratamiento especial. La lección de la historia es que, en 2013, los programas especializados de trabajadores temporales agrícolas no son necesarios.

No es un programa de trabajadores huéspedes el que permitirá prosperar a la agroindustria. Los empleadores deben tomar medidas serias hacia la mejora de la gestión de personal (para disminuir el volumen de repuestos en lugar de alimentarlo con nuevos flujos de trabajadores) con el fin de alentar a los trabajadores actuales a quedarse.

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