Organización puertorriqueña en peligro

La institución pelea por su futuro contra de la alta renta y la falta de fondos
Organización puertorriqueña en peligro
La directora Leticia Rodríguez busca cómo atraer benefactores para salvar La Casa de la Herencia Puertorriqueña, organización fundada en 1980.
Foto: EDLP Carolina Ledezma

Nueva York – Cada sábado, mientras un grupo de mujeres espera por la clase de bomba, otros practican los acordes de cuatro en la Casa de la Herencia Puertorriqueña.

Pero la crisis amenaza la supervivencia de una institución que por tres décadas ha velado por la preservación de la cultura de esta isla caribeña. Desde 2007, su directora, Leticia Rodríguez, ha creado fuentes de ingresos para no depender de la ayuda oficial que es poca y tarda demasiado en llegar, según aseguró.

Las clases de música, bailes típicos y apreciación del arte son parte de esas iniciativas para seguir con el aporte de la gente. Pero, ahora el aumento del alquiler pone en peligro su sede en Taíno Towers, el complejo anexo del Museo del Barrio, en Manhattan.

“Hace ocho meses entregamos el local contiguo donde funcionaba la biblioteca para poder bajar la renta, pero ahora de nuevo quieren subirla más de 50%”, explicó Rodríguez.

Mientras prepara un evento pro fondos el 9 de marzo, la directora no se detiene para mantener lleno el cronograma de actividades del recinto.

Hace pocos días fue la clausura de la exposición de la artista boricua Tanya Torres, “Heaven and Earth: A Meditation on the Symbols of the Puerto Rican Heart”, que atrajo a decenas de visitantes. También hubo la presentación del libro “Breaking Ground: Anthology of Puerto Rican Women Writers of New York, 1980 – 2012”, de la profesora Myrna Nieves.

A mediados de marzo comenzarán las clases de percusión con el músico Oreste Abrantes, así como las visitas de escuelas locales. Y la biblioteca, donde se atesoran libros antiguos que ya no se encuentran en el mercado, amenazados por la falta de espacio, estará abierta al público como siempre.

Mientras que, de lunes a viernes, este centro comunitario también orienta a quienes necesitan adquirir una falda de bomba o un cuatro, y hasta indagar otros aspectos de la literatura, música e historia puertorriqueña en Nueva York.

En La Casa, donde artistas locales donan sus artesanías para preservarlas, la puertorriqueñidad es contagiosa, aún para quienes no tienen esa sangre caribeña.

“Aquí vienen personas de todas las razas y nacionalidades”, asegura el profesor Luis Rodríguez, quien ha tocado para Cheo Feliciano y otros grandes.

El irlandés Bob Ramsey se enamoró del cuatro en las visitas a sus amigos latinos del colegio La Salle, cuando veía a las hermanas bailar pegado al compás del instrumento. “Un día me topé con alguién a las puertas del museo que tenía un cuatro a la mano y me dijo dónde aprender a tocarlo”. Desde esa vez, sus sábados están reservados para sus prácticas.

La maestra Norma Medina-McDonald, cuyos padres son de Yabucoa, viaja desde Poughkeepsie para las clases. “Para mí, al menos un integrante de cada familia puertorriqueña debe tocarlo, porque si no las navidades no son las mismas”, aseguró quien toma lecciones como un homenaje a su abuelo.

En alianza con Milteri Tucker y su grupo Bombazo Dance Company, las clases de bomba son un proyecto que promete crecer, en el que Minerva Soya, Anette Alejandro y Gladys D. Bruno redescubren un baile que conocen desde niñas.

“Les enseñamos el manejo de la falda, que es algo que se está perdiendo, y a cómo controlar el movimiento cuando ‘le hablan al tambor”, relata Tucker, mientras las damas tratan de seguirla.

Pero el reto de La Casa es no sólo producir para pagar la renta y a los instructores. “En esta ciudad las organizaciones pequeñas estamos en riesgo de convertirnos en dinosaurios”, sentencia Rodríguez.