Comienza la guerra del mofongo contra el mangú

La pasión por el béisbol está representada esta noche por dos platos a base de plátano, el mangú dominicano y el mofongo boricua
Comienza la guerra del mofongo contra el mangú
El fanático dominicano, Juan Balbuena, sostiene una pancarta durante el juego final del Clásico Mundial del Béisbol en San Francisco.
Foto: AP

San Juan – Como si se tratara de su arma letal, el lanzador Fernando Rodney exhibía un plátano cada vez que la situación favorecía anoche al equipo nacional dominicano frente a la novena de Holanda –derrotada 4-1– en el III Clásico Mundial de Béisbol en el estadio AT&T de la ciudad estadounidense de San Francisco.

El simbolismo posiblemente pasó inadvertido para muchos, no así para los seguidores del equipo de Puerto Rico que saben bien que el juego que acaba de comenzar, en el que se disputa la corona contra la invicta novena de República Dominicana en el mismo estadio, tiene una definición gastronómica: es la guerra del mofongo contra el mangú.

Se trata de dos exquisiteces de la comida de Puerto Rico, el mofongo, a base de plátano majado y chicharrón de cerdo –aunque en la actualidad hay una variedad muy diversa, incluidos los mariscos– y el mangú de la República Dominicana, también con el plátano como elemento principal, cebolla amortiguada en vinagre y aceite de oliva, y, posiblemente, con un huevo frito al lado.

Más allá de estos elementos gastronómicos en los que el plátano es el jugador estelar, para ganar los puertorriqueños tienen que salir al frente, puesto que los lanzadores de relevo del inspirado equipo dominicano, con su invicto 7-0, tienen un control absoluto, a juicio del dirigente de béisbol boricua Mako Oliveras.

En su opinión, los jugadores de la selección nacional de Puerto Rico tienen que sacar carreras en las primeras entradas porque, hasta ahora, los relevistas dominicanos han mantenido un amarre absoluto contra los bateadores contrarios.

La inmensa comunidad dominicana en Puerto Rico apuesta a una victoria absoluta contra Borinquen, para terminar invicto el III Clásico Mundial de Béisbol después del bochornoso desempeño que tuvo su representación en 2009 y que le valió a los jugadores el repudio de su pueblo.

Pero los puertorriqueños, desde el gobernador Alejandro García Padilla hasta el más sencillo ciudadano, están convencidos de que esta noche será de ensueño para este país caribeño, abrumado por la crisis económica, el desempleo y la criminalidad rampante.

Quizás por eso, el dirigente nacional Edwin Rodríguez manifestó en un mensaje de Twitter: “Tenemos que mantener el enfoque… hacer de Puerto Rico un buen lugar para vivir”.

Al igual que el exgobernante Aníbal Acevedo Vilá durante esta contienda beisbolística, García Padilla ha utilizado el recurso de esa red social para animar a su pueblo con mensajes como “nuestro equipo es la prueba más clara de que cuando nos unimos en un solo propósito somos capaces de superar cualquier adversidad”.

El mandatario puertorriqueño reveló, además, que conversó vía telefónica con los integrantes del equipo nacional para “expresarles el orgullo que su desempeño ha provocado en la isla”.

La alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz Soto, no se ha quedado atrás y aunque ha instado a los habitantes de la Ciudad-Patria, como llama a la capital, a disfrutar en armonía junto a la comunidad dominicana en un escenario preparado por la Compañía de Turismo de Puerto Rico en un costado del estadio Hiram Bithorn, donde jugó el Grupo C, está convencida de que esta noche “seremos campeones” del mundo.

El analista deportivo Carlos Uriarte aseguró a INS que los puertorriqueños y dominicanos no vivían un escenario como este desde 1948, cuando ambas novenas se enfrentaron en una serie de tres partidos de desempate en el X Campeonato Mundial de Béisbol, jugado en Managua, capital de Nicaragua.

El experimentado periodista refirió que en 1951 Puerto Rico obtuvo medalla de oro en el XII Campeonato Mundial jugado en México, con un formato de cuatro equipos que incluyó a Cuba y Venezuela.

Oliveras, por su parte, está sorprendido de que el equipo nacional puertorriqueño llegara tan lejos, pero aclaró en una entrevista por la cadena Radio Isla que su visión cambió cuando “ganamos a Venezuela”.

Uriarte aclaró a la agencia INS que “nunca habíamos estado en este escenario de un juego de muerte súbita para ganar el campeonato”, como ocurrirá esta noche en San Francisco.

Las calles de Santurce, un sector de la capital puertorriqueña en que predomina la comunidad dominicana, se veían vehículos con el pabellón de ese país en una demostración de orgullo patrio.

La exaltación que viven los boricuas y quisqueyanos es representativa de su pasión por el béisbol, un deporte que si bien se originó en Estados Unidos tiene en el Caribe a sus principales seguidores, al igual que el plátano, procedente de Asia meridional y que llegó hasta estas tierras en 1516 procedente de las Islas Canarias, es una comida de culto en Puerto Rico y República Dominicana mediante el mofongo y el mangú, amén de otras variedades de consumo.