Transexuales de Queens enfrentan grandes desafíos

Esta comunidad encara fuertes retos en el proceso de feminización
Transexuales de Queens enfrentan grandes desafíos
Un grupo protesta por los derechos de la comunidad transexual.
Foto: Cortesía

Nueva York — Hace una década, una pequeña bodega mexicana en las inmediaciones de la calle 103, en Queens, era el único recurso de la comunidad transexual para conseguir una apariencia femenina.

Lorena Borjas, activista por 20 años, recuerda que el sitio vendía por $35 el anticonceptivo Perlutal, producto no aprobado para su venta en el país, que transexuales usaban como terapia de reemplazo hormonal (estrógenos en lugar de testosterona).

La situación inspiró a Borjas a sacar a su comunidad del anonimato. En el 2009 creó un grupo de apoyo para latinas en Woodside, y parte de los recursos es ofrecer terapia de reemplazo hormonal en el Community Health Network, en Jamaica, por una membresía de $40.

Aunque son muchos los logros en los últimos años, como el combate de venta de hormonas en el mercado negro, Borjas destacó que su comunidad encara fuertes desafíos en el proceso de feminización.

Brooke Cerda, activista de El Centro Comunal LGBT de Manhattan, expresó que muchas prefieren renunciar a la terapia hormonal de reemplazo ante la presión social, laboral, religiosa y familiar.

“El abandono de mis padres y hermanos fue parte del precio”, enfatizó. “Comencé a los 45 años por toda esa carga psicológica que me impedía ser yo misma”.

Carmen, un transexual de 45 años, apuntó que el proceso es más duro cuando se está enfermo de SIDA y se es inmigrante indocumentado. Detrás de las largas pestañas postizas, una mirada triste se dibujó en sus ojos cuando recordó el destino de varias amigas.

“Terminaron en la fosa común. Nadie lloró por ellas”, sentenció. “Cada día despierto sabiendo que lo mismo me sucederá”.

Carmen decidió emigrar de México a Nueva York hace 25 años, en busca de una sociedad más abierta. Aseguró que en su paso por la frontera fue violada, pero el incidente no la detuvo en su búsqueda de una vida sin humillación y burla.

“Aunque todos los días me llaman joto o m…cón, encontré a otros transexuales latinos con la misma historias de abuso. Ellos se convirtieron en mi familia y me siento aceptada por primera vez”, dijo Carmen.

Y es que el problema de la discriminación hacia este grupo debido a su orientación sexual está latente. Vianey García, activista de Se Hace Camino Nueva York, destacó que en Queens impera el rechazo laboral hacia la comunidad transexual, hecho que experimentó en carne propia.

“Pedí trabajo, el empleador me vio con desprecio y dijo que la vacante se ocupó. Más tarde mi hermano preguntó y le indicaron que podía presentarse ese mismo día”, recordó.

A raíz de varios casos, García inició una investigación que espera presentar en un futuro cercano.

“En Jackson Heights reinan las quejas acerca de transexuales que se dedican a la prostitución, pero nadie se preocupa por ofrecerles empleos dignos”, aseguró.

Cristina Herrera, experta en el proceso de feminización y concejera en El Centro LGBT, apuntó que el inicio de la terapia de reemplazo hormonal es la etapa más dura para un transexual, por la posible inestabilidad emocional y secuelas físicas.

Herrera destacó que un gay podría ser más aceptado en un contexto familiar y laboral.

“Con frecuencia se observa una tendencia de las familias latinas a rechazar a un varón que se convierte en mujer”, enfatizó. “Son más tolerantes con una persona que conserva su aspecto masculino”.

Herrera, que coordina consejería a unos 700 transexuales en Queens y Manhattan, explicó que la feminización es una dualidad que implica pérdida y triunfo, pues aunque el transexual está más expuesta a la discriminación, consigue reforzar su identidad como mujer.

La experta enfatizó que Queens se considera la meca de la comunidad transexual y se estima hay más de 200 de origen latino, algunas radican ahí desde la década de los ochenta.

“La transfobia reina incluso entre expertos médicos”, apuntó. “La feminización es un proceso duro, pero lo es más para una chica con historial de trauma y abuso”.