Juan Carlos Marín: músico de corazón

Nueva York – Un profundo amor por el son jarocho, música tradicional del estado mexicano de Veracruz, propició que Juan Carlos Marín perdiera varios empleos como cocinero en restaurantes de Queens y Brooklyn.

El músico, de 31 años, comentó que ausentarse del trabajo para aprender los acordes de la jarana —requinto para el son jarocho— lo dejó al borde de una mala situación económica, pero con una gran satisfacción por vivir su sueño de explorar su talento.

Marín, que emigró del Estado de México siendo un adolescente, destacó que en su primer día en Nueva York se impuso como meta hacer mucho más que freír hamburguesas. Luego de más de una década, es uno de los más visibles y experimentados jaraneros de Son Jarocho en la ciudad.

¿Consideras que el son jarocho cambió tu vida?

La música me enseñó disciplina y persistencia. Preferí dejar empleos que sacrificar mi pasión por el Son Jarocho, sin imaginar las oportunidades que más tarde me ofrecería esta decisión. Como integrante del grupo Radio Jarocho, pude conocer músicos brillantes y varias ciudades del país gracias a las presentaciones. Gabriel Guzmán, fundador de la agrupación, fue paciente al enseñarme mis primeros acordes de Jarana, y ahora yo también doy clases a otras personas que como yo en el principio, no tienen ningún conocimiento del Son Jarocho. La música me hizo descubrir lo mejor de mí mismo.

¿Cuál es la experiencia más determinante que te ofreció la música?

Para conocer más del son jarocho y los fandangos —fiesta del pueblo con música tradicional, versos y zapateado— decidí viajar a Veracruz, a pesar de que en aquella época no tenía documentos que me garantizaran un regreso legal y seguro. Fue una acertada decisión, porque tuve contacto con los jaraneros más talentosos de México y pude entender la esencia comunitaria de este ritmo. En Nueva York varias agrupaciones hemos logrado un estilo único que nos pertenece y que al mismo tiempo compartimos con otros seguidores no latinos.

¿Cuál es el aporte del son jarocho a la comunidad?

Los fandangos crean un espacio de convivencia que permite una interacción entre diversas comunidades. Me alegra ver que en las presentaciones de son jarocho no sólo existe audiencia latina. Un hecho interesante es que muchos mexicanos no conocían esta hermosa música, y es en Nueva York donde la escuchan por primera vez y la aprecian. Es vital el papel de las agrupaciones al crear, preservar y difundir son jarocho y huapango —otra variante de música tradicional mexicana— porque de ello depende que la tradición perdure en la ciudad.

¿Qué consejo ofreces a los jóvenes que están buscando cumplir sus metas?

Hay momentos en los que se hace duro tomar decisiones, especialmente cuando muchos te advierten un riesgo y te aseguran que estás en el camino equivocado. Creo que en estos casos se debe aprender a escuchar el corazón, porque el fin del día sólo nosotros sabemos que acorde le da buen son a nuestra vida.