El bautismo es el comienzo

Se dice que todo sucede por alguna razón. En la epístola de Santiago, el hermano de Jesucristo, escribe: “Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, pues ya saben que la prueba de su fe produce constancia. Y la constancia debe llevar a feliz término la obra, para que sean perfectos e íntegros, sin que les falte nada. Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios…” (Santiago 1:1-5)

Les puedo dar tantos ejemplos de esto, de personas fuertes que tuvieron que soportar las pruebas, de familias que soportaron la separación y jamás dejaron de amar a sus hijos y sacrificarse por ellos. Los que atraviesan estas pruebas siguen perseverando, y la perseverancia de los padres se va transmitiendo a la próxima generación. Esto es lo que veo en la “cruzada de los niños” como los niños que son ciudadanos norteamericanos, además de los “soñadores”, van recopilando sus testimonios en ambos lados de la frontera, y se preparan para llevar estas cartas al presidente Obama y los líderes del Congreso.

Exigen que el Presidente ponga un alto a la práctica cruel e insensata de deportar a 1,100 personas todos los días; las mismas personas que se legalizarán si el Congreso completa su labor de aprobar una reforma migratoria integral. Exigen, además, que a los que han sido deportados, les permiten regresar con sus familias- que todos los indocumentados sean incluidos en la nueva ley.

Al ver su valentía y convicción, yo sí creo que aquellos que han seguido luchando y que han bregado con estas pruebas han preparado la próxima fase de nuestra lucha. Sin embargo, no será fácil, pues hay muchos que no han atravesado las pruebas pero que han sido afectados por ellas.

En una forma fundamental se ha faltado respeto a nuestros pueblos al permitir que los Estados Unidos destruyera a las economías del sur y luego empleara a los migrantes como mano de obra barata, para después desatar la ola de terror de las deportaciones cuando nuestros números amenazaban de cambiar a color café a los “estados rojos”.

Aquella falta de respeto también ha permitido que el mercado de drogas ilícitas en los Estados Unidos sea la base de actividades económicas ilegales en los países del sur. A su vez, aquella actividad ha producido los carteles organizados de narcotraficantes y la violencia y asesinatos que para nosotros es cosa de todos los días. A jóvenes desocupados los han convertido en monstruos cuya presa es su propia gente, imitando a los mafiosos en las películas norteamericanas. Esta violencia ya está siguiendo las drogas al norte, a su fuente.

La lucha de los inmigrantes, que ha unido a la comunidad latina, ha sido un bautismo para nuestra comunidad. La próxima generación necesitará toda la perseverancia que ha desarrollado para estas pruebas nuevas. Nuestro movimiento ha retado al holocausto de las deportaciones con la verdad de nuestra humanidad. Al cumplir con este reto, debemos preparar la próxima generación para que pueda luchar en contra de la explotación de América Latina, con la misma verdad. Y debemos prepararlos para curarse, eliminando la violencia y poniendo en su lugar la solidaridad, eliminando el egoísmo y competencia enseñada por el norte, y recuperando la fe y la comunidad de nuestros antepasados.

Estamos manteniendo la presión para que se apruebe una nueva ley, y para obligar al presidente Obama a que ponga alto a las deportaciones. También seguimos luchando para preparar a nuestros hijos a vivir por medio de la verdad. Si la ley que se aprueba no es completa, no terminará nuestra lucha. Su éxito depende de la sabiduría que produce.