Santos vs. Uribe

Si las elecciones presidenciales en Colombia fueran hoy, muy probablemente Santos sería reelegido. Pero lo que sí es seguro es que el candidato de Uribe quedaría segundo en la votación.

Qué curioso, la oposición a la aristocracia no la ejerce el pueblo, pero si la ultraderecha. Ese es el resultado del enfrentamiento, a través de los medios, entre estos insignes políticos. No pretendo insinuar que se trata simplemente de una maniobra estratégica, pero como si lo fuera, porque les conviene a ambos.

Y en general, favorece a la clase dirigente, porque así la oposición a Santos, ese espacio que debería estar ocupado por los desposeídos, por los trabajadores, los indígenas y, los movimientos políticos de izquierda entre otros , termina en manos de Uribe que no es precisamente el paradigma del marginado.

Cualquiera de los dos que ganara resulta igual para las sacrificadas mayorías, porque ninguno de los dos representa los intereses de los sectores populares. Su agenda es similar y apenas si hay ligeras variantes que son las que precisamente macrodimencionan los medios de comunicación. Como por ejemplo la posición frente a la tentativa paz hoy en proceso en La Habana, logrando así que incautamente los unos prefieran una alternativa y los demás la otra, que se nos presenta como antagónica.

Siendo entonces los medios de comunicación tan determinantes, me pregunto por qué no nos inventamos algún recurso, así sea participando a favor de Santos, a ver si así logramos que, al menos por conveniencia electoral, se obliguen a denunciar el mayor crimen de Uribe. Y del que menos se habla, el haber sacrificado al país en beneficio propio, haber preferido los réditos en popularidad que le otorgaba el enfrentarse a Chávez, antes que la salud y el pan de sus hermanos.

Es que en efecto, uno de los argumentos que se utilizan para desprestigiar a Chávez es insistir en que, para hacerse propaganda, dilapidó enormes capitales en favor de otros países, entre ellos Cuba, Bolivia, Ecuador y muy especialmente Argentina. Y no les falta razón.

Basta con mencionar que el desembolso hacia Argentina, que se hizo en solo tres meses y que salvó la economía de dicho país, supera cuatro veces al que Colombia recibió de Estados Unidos en los ocho años del “Plan Colombia”. Mencionemos de paso que Venezuela no impuso a Argentina las humillantes condiciones que si se le exigieron a Colombia, como fue la violación de su soberanía con la instalación de bases militares norteamericanas en su territorio.

Cabe entonces preguntar: siendo Colombia la nación hermana de Venezuela, ¿por qué no se benefició de su bonanza petrolera como lo hicieron otras naciones? Pues por la sencilla razón de que el entonces presidente de Colombia, Álvaro Uribe, cerró esa magnífica oportunidad, al enfrentarse sistemáticamente a Chávez y no precisamente por divergencias ideológicas sino porque ello le resultaba muy rentable. Tal mezquindad de Uribe resulta imperdonable, pues los Estados Unidos han aceptado de Venezuela la generosa ayuda, en el caso del huracán que asotó a New Orleans y también con la gasolina que se distribuyó a los menos pudientes.