Temor sin pánico

Preocupa a neoyorquinos las amenazas de un ataque nuclear de Corea del Norte
Temor sin pánico
A pesar del trajín diario en la ciudad de Nueva York algunos sienten un poco de temor ante la posible amenaza nuclear de Corea del Norte.
Foto: EDLPFotos: Mariela Lombard

Nueva York — “No panic”. Es la expresión que repiten algunos de los latinos consultados por El Diario ante la amenaza de Corea del Norte de atacar Estados Unidos.

Es el caso del agente personal de Chase Manhattan, el puertorriqueño Jason Fabián, que mantiene la calma y sigue con su agenda sin sobresaltos.

Pero la retórica belicista de Pyongyang y su presidente Kim Jon-Un inquieta en general. Con 20 años en el país y cinco hijos, los ecuatorianos Adriana y Flavio -prefieren no dar su apellido- afirman estar preocupados, sobretodo por sus vástagos. De momento, no han tomado medidas porque “vivimos en Long Island y en la escuela no han comunicado nada”, señalan. El posible lanzamiento de misiles queda muy lejos para ellos.

En la calle 34, a las puertas del edificio donde trabaja, el puertorriqueño Melvin Cortés reconoce que no ha preparado nada en esta última semana. Desde hace tiempo, relata, tiene “una mochila preparada con linterna, baterías, agua y comida en lata, por si acaso”. En la memoria guarda no sólo lo ocurrido el 9-11 sino también los huracanes de los dos últimos años y la reciente tormenta de nieve. Vargas está listo para enfrentarse a desastres naturales, pero no tiene nada específico para ataques nucleares. “Si viene un ataque pronto, hay poco que uno pueda hacer para evitar eso”, sostiene, confiando en que no suceda.

La vía diplomática es la salida en la que todos confían. No obstante, hay quienes hacen hincapié en la incapacidad de Corea del Norte para cumplir con la amenaza.

De esta opinión es el dominicano Pedro Pérez -con experiencia militar, un máster en sicología y estudiante de Ciencias Políticas. “Los misiles son de tecnología rusa de los años 50-60; están obsoletos”, explica, insistiendo en que podría alcanzar Hawai y la isla de Guam, pero no el continente. Pérez se fija también en “la falta de recursos para mantener una guerra” del régimen de Pyongyang y en los efectos económicos adversos que provocaría al interrumpir el comercio con países como Cuba, Venezuela o Bolivia.

Más preocupadas se muestran Lídia Hernández y Orquídea Peña, que pasean por Brooklyn aprovechando los rayos de sol. “Claro que nos preocupa; nos afecta a todos”, dice Hernández. Con 70 años cumplidos y ganas de volver a su tierra, Puerto Rico, apunta que los domingos en la iglesia rezan para que “nada de esto suceda. Venimos haciéndolo siempre. Acuérdese de lo que ocurrió en las Torres Gemelas”.

Peña es dominicana y trabaja de cuidadora en Estados Unidos -en su país es maestra-. Su percepción es más negativa, sobre todo si el ataque llega de improviso. “Nos mataría a todos. Un ataque nuclear se expande y también es peligroso por los restos químicos que quedan y las enfermedades que traen vienen”.