Música y fondos contra el narcotráfico

Música y fondos contra el narcotráfico
Mónica Abrego en la sede neoyorquina de Baja Musical.
Foto: Silvina Sterin Pensel

“Esta fue mi colonia desde que llegué a Nueva York en 1999”, sostiene la mexicana Mónica Abrego. “Siempre me encantó la energía de este barrio porque está cerca de la Universidad de Columbia, es bien jovial y se respira diversidad”.

Decidió apostar a la Gran Manzana hace 14 años cuando su maestra de canto -una americana que le enseñaba en Tijuana, su ciudad- le aseguró tener condiciones. “Dejé todo y me vine a audicionar en la Manhattan School of Music también aquí en Morningside Heights y me instalé en la calle 110 y la Avenida Broadway”.

Por eso no lo dudó; fue aquí, en su barrio, en su comunidad donde primero buscó ayuda cuando aceptó la posición de directora de la sede neoyorquina de ‘Baja Musical’, un programa comunitario fundado en Tijuana, en el estado de Baja California por el cual niños de comunidades humildes aprenden música y se acercan a los instrumentos alejándose de la violencia generada por el narcotráfico.

“Recibí la llamada en noviembre de 2012. Ellos me conocían bien porque yo soy de allí, allí me crié y también canté con la Orquesta de Baja California, que es parte de este proyecto. “Al principio”, confiesa, “me provocó sentimientos encontrados. Gran emoción y entusiasmo por la iniciativa pero también un poco de miedo porque estaba todo, todo por hacer; pero bueno, finalmente me aventé a la aventura”.

Fue entonces que se dirigió a su iglesia, La Iglesia de la Ascensión, en la 107 entre Amsterdam y Broadway, para preguntarle al padre John Duffell si conocía algún espacio que pudiese utilizar como oficina. “Mis ojos se abrieron bien grandotes cuando me dijo que allí mismo y aquí estamos desde entonces, sumamente agradecidos”, comenta en un pequeño recinto todavía bastante vacío, donde tiene una computadora y varios panfletos que anuncian el lanzamiento oficial de Baja Musical Arts Initiative, el próximo viernes 19 de abril.

Esta soprano, fanática de la Traviata, la ópera de Giuseppe Verdi, ha contribuido en todo; desde mover a otro cuartito los alimentos no perecederos que se acopiaban en el que hoy es su despacho -las donaciones que recibe la parroquia- hasta registrar a Baja Musical como una organización sin fines de lucro legítima. “Hace unos días terminé de sacar las latas de comida y creo que pronto me pondré a pintar las paredes”, cuenta.

La inscripción de Baja Musical Arts Initiative fue un paso importante y le permitirá conseguir los tan ansiados fondos aquí en Nueva York para seguir expandiendo las redes de orquestas infantiles y juveniles allá en México. “Primero estudié en el Foundation Center, en la 5ta Avenida y la16. Aprendí los pasos necesarios para constituir la ONG y ya podemos recaudar fondos”, añade.

Con una abundante cabellera azabache y enormes ojos también negros, Mónica, 36, contagia al hablar de su pasión por la música y de su poder para brindar a ya más de 700 niños, un ambiente donde se nutren de algo bello, alejado de las amenazas, los tiroteos, la droga y las venganzas. “Siendo tijuanense, me causa mucha emoción ver cómo aprendiendo a tocar un instrumento y siendo parte de una orquesta, estos pequeños recobran su infancia; una infancia que les está siendo arrebatada por la situación tan delicada que se vive en mi país”.

La mayoría de los niños que se benefician con el programa son mexicanos y hay un porcentaje de niños americanos porque al ser Tijuana una ciudad fronteriza, muchos son nacidos en San Diego y luego retornan a México. “La meta es replicar lo que se ha hecho en Baja California en otras comunidades a lo largo del país y poder rescatar a esta generación de pequeños víctimas de la violencia narco”.

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