Narcos mexicanos en disputa por las mismas rutas

MÉXICO, D.F. — Los detalles son una réplica del espanto codiano casi siempre en los mismas sitios. Ciudades, carreteras, terrenos baldíos de los estados que bordean parte de los 10,760 kilómetros de costa del país por donde ingresa el 80% de la droga que busca llegar a la frontera con Estados Unidos.

Nueve descuartizados en Tamaulipas, un enfrentamiento en Coahuila, cinco asesinados en Veracruz, por la ruta del Golfo, en el recuento de abril. Familias cosidas a balazos en Guerrero; cadáveres entre las milpas, sobre el asfalto o en parajes inhóspitos de Michoacán, Jalisco y Sinaloa, en el Pacífico. Otros más en Sonora, Nuevo León o Chihuahua.

Más de 4,300 asesinatos han ocurrido bajo la administración de Enrique Peña Nieto que empezó en diciembre pasado, la mayoría en las ocho entidades que representan rutas claves en la geografía del ingreso de droga al país procedente de Sudamérica – principalmente de Colombia- que pelean los cárteles con la violencia de siempre, pero con un poco más de poder que hace unos años.

Un estudio del Woodrow Wilson Center documentó que los barones de la droga mexicanos dominaron ya a sus debilitados pares colombianos en su propio territorio “donde hoy imponen el precio de la cocaína, la producción y distribución”.

Bajo este empoderamiento, los vastos territorios de playas vírgenes que baña el Pacífico en Guerrero, Jalisco Michoacán y Sinaloa son un valioso botín de las organizaciones Pacífico Sur, Federación de Sinaloa (al mando del capo Joaquín “El Chapo” Guzmán), Caballeros Templarios, Jalisco Nueva Generación y Zetas.