La otra migración de México

La otra migración de México
Los médicos mexicanos están entre los profesionales que abandonan el país.
Foto: ap

MÉXICO, D.F. — La crema y nata del intelecto en México emigra a Estados Unidos. O al menos uno de cada tres doctores y uno de cada cinco maestros y otro tanto de licenciados graduados. Se trata de ingenieros, médicos, agrónomos, biólogos, matemáticos, físicos, químicos y de todas las ramas de las ciencias.

La estadística documentada en estudios del Banco Mundial, el local Sistema de Educación Superior y la Comisión para el Intercambio Educativo y Cultural México- Estados Unidos (Comexus) visibiliza además una constante para alrededor de un millón de mexicanos altamente calificados que se fueron de aquí en los últimos años.

Dejaron el país apenas proyectaron su futuro a largo plazo como le ocurrió a Ricardo Godínez, doctor en Biología evolutiva de la escuela de graduados en ciencias y artes de la Universidad de Harvard, quien hoy lidera novedosos proyectos contra la diabetes y sobre el genoma de miles de vertebrados.

Godínez estudió la licenciatura en Investigación Biomédica Básica en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), pero quería codearse con los nóbeles de la biología, que éstos fueran sus tutores, que escucharan y dieran cabida a sus “raras” propuestas como científico.

“Esa estructura de trabajo aún no existe en México además de que no hay presupuesto para experimentar y es muy difícil conseguir dinero”, detalla en conversación a distancia desde Boston.

“Ahora desarrollo un tipo de moléculas para tratar la diabetes y en tres meses pude conseguir $500 mil para el proyecto; en México, hacer lo mismo me hubiera tardado cinco o 10 años porque allá todavía no se entiende el impacto de la ciencia”.

Las limitantes económicas conllevan a uno de los principales problemas de la educación del país: la falta de eficiencia en las instituciones de educación superior para retener talentos, repatriarlos o detectarlos desde temprana edad.

Así se escapó apenas terminó el bachillerato Luis Enrique Velasco, inadvertido por su potencial que lo llevaría a trabajar para la NASA en el Jet Propulsion Laboratory desde el 2004.

Nadie reparó que este chiapaneco, nacido en Tuxtla Gutiérrez (sur), podría convertirse en un creador de software para sistemas aeroespaciales o que desarrollaría robots exploradores del espacio, tras graduarse como ingeniero mecánico en la Universidad de Brigham Young (BYU) en 1996.

“El plan no era quedarme en Estados Unidos, me fui porque tenía familia allá y me pareció lógico que aprender a hablar inglés me daría ventajas en la vida, luego me enganché a las ciencias, sin querer”, recuerda vía telefónica desde Pasadena.