Los ‘deportan’ en estado de coma

Hospitales pagan para repatriar a 'sin papeles' a sus países de origen
Los ‘deportan’ en estado de coma
José Rodríguez Saldana vende artefactos domésticos como toallas y platos, un trabajo que le obliga a caminar mucho y visitar muchas viviendas.
Foto: ap

DES MOINES, Iowa — Pocos días después de sufrir graves lesiones en un accidente vial, Jacinto Cruz y José Rodríguez Saldana yacían inconscientes en un hospital de Iowa, mientras el sistema de salud estadounidense decidía qué hacer con estos dos inmigrantes mexicanos.

Los hombres tenían su seguro médico por medio de sus empleos en una empacadora de carne. Pero ninguno tenía autorización para estar en Estados Unidos y no quedaba del todo claro si el seguro les pagaría la rehabilitación.

El Centro Médico Metodista de Iowa en Des Moines decidió entonces actuar por su propia cuenta: Tras consultar con las familias de los pacientes, discretamente trasladó a los mexicanos, ambos en estado de coma, a un avión privado que los llevó a México, en efecto, deportándolos sin consultar con autoridad judicial ni ejecutiva alguna.

Cuando los pacientes se despertaron, estaban a más de 1,800 millas de distancia, en un hospital de Veracruz, en la costa de Golfo de México.

Cientos de inmigrantes que están ilegalmente en Estados Unidos han vivido experiencias similares, a manos de un sistema de remoción de personas que no depende de un gobierno federal, sino de un sistema de hospitales que tratan de reducir gastos.

Un reporte reciente, realizado por grupos de defensa de inmigrantes, intentó dar con la cifra exacta de cuántos inmigrantes son enviados de regreso a sus países, y llegó a la conclusión de que por lo menos 600 fueron expulsados en un periodo de cinco años, aunque se estima que son más.

En entrevistas con inmigrantes, sus familiares, abogados y activistas, la AP estudió lo que se describe oficialmente como “repatriaciones médicas”, un proceso en el que los hospitales pueden colocar a pacientes en vuelos fletados, aun cuando están inconscientes. Los hospitales por lo general pagan el costo de los vuelos.

“El problema es que todo está ocurriendo en una especie de hoyo negro jurídico, no hay registro de nada”, dijo la profesora de derecho Lori Nessel, directora del Centro para la Justicia Social de la Escuela de Derecho Seton Hall, que ofrece asistencia legal gratis para los inmigrantes.

Ejecutivos de empresas médicas confiesan que están en un dilema, entre la promesa de prestar atención a los necesitados y la batalla política para combatir la inmigración ilegal.

“Hay gente en el gobierno federal, el estado, todos, que dicen que no debemos estar pagando por los indocumentados”, declara el doctor Mark Purtle, vicepresidente encargado de asuntos médicos del Sistema Médico de Iowa.

Por ley, todos los hospitales tienen la obligación de recibir a todo paciente que necesite atención de emergencia, aun cuando no tengan recursos para pagar e independientemente de su estatus legal. Pero una vez que el paciente queda estable, la obligación desaparece.

Muchos inmigrantes que carecen de permiso para residir en el país no tienen derecho al Medicaid, el programa estatal de asistencia para los pobres.

Es por ello que los hospitales tratan de enviar a esos pacientes a centros de rehabilitación o asilos para ancianos en sus países de origen.

Rodríguez Saldana, hoy de 39 años, dice que el hospital de Des Moines le dijo a su familia que no le quedaba mucho tiempo de vida y que lo mejor era que se volviera a México.

Al hospital “simplemente no le gustan los mexicanos”, dijo en entrevista telefónica. “Querían desconectarme de los aparatos médicos y dejarme morir. Decían que yo no podía sobrevivir”.

Portavoces del hospital dijeron que no podían hablar del caso debido al proceso judicial en curso. Los mexicanos y sus familias presentaron una demanda en el 2010 asegurando que el cuidado médico que recibieron en Veracruz fue deficiente.

Un juez desestimó la demanda el año pasado, al determinar que el hospital de Estados Unidos no tenía responsabilidad por lo que hiciera el hospital en Veracruz. Los tribunales también determinaron que aunque los familiares posiblemente no accedieron a que los mexicanos sean llevados de vuelta a su país, tampoco lo objetaron explícitamente. Un tribunal de apelaciones confirmó la decisión de desestimar la demanda.

Según expedientes judiciales, el personal del hospital en Iowa dice que recibió autorización de los padres de Rodríguez Saldana y de la compañera de Cruz para contratar el viaje a México. Los familiares niegan haber dado la autorización.

No hay forma de saber con certeza si los dos mexicanos se habrían recuperado mejor o más rápido de haberse quedado en Estados Unidos. Sin embargo, lo cierto es que el accidente los dejó a ambos con discapacidades profundas.

Casi cinco años después Cruz, de 49 años, tiene el lado izquierdo del cuerpo paralizado, debido a lesiones a su columna y cadera. Se le hace difícil hablar y no puede trabajar.

Rodríguez Saldana dice que tiene pagar por la terapia debido a la inflamación de sus pies y mala circulación. Afirma que tiene problemas para caminar y que se le hace difícil trabajar.

La Asociación de Hospitales de Estados Unidos dice que no tiene una política específica sobre la transferencia de inmigrantes y que no tiene cifras de cuántos hospitales lidian con ese problema.

El Consejo de Etica de la Asociación Médica de Estados Unidos emitió una directiva a los médicos en el 2009, exhortándoles a no “permitir que los administradores de hospitales usen su cuantioso poder y la actual falta de reglas” para enviar a pacientes a otros países.

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