Víctima de tráfico sexual ayuda otras mujeres en NYC

Una mexicana que fue obligada a prostituirse cuenta cómo fue torturada sicológicamente
Víctima de tráfico sexual ayuda otras mujeres en NYC
Muchas mujeres son traídas a Estados Unidos por redes criminales que las obligan a prostituirse en las calles bajo amenaza de muerte o daño físico.

Nueva York – Guadalupe –nombre falso- tenía 14 años cuando conoció a Consuelo Carreto, miembro de una red de trata de blancas que operaba entre México y Queens entre 1991 y 2004, en una maquiladora del pueblo de San Cosme, en el estado mexicano de Tlaxcala.

La mujer, ahora de 34 años y residente Manhattan, indicó que su situación de pobreza extrema la obligó a buscar empleo en una fábrica de tenis, sitio en el que Consuelo se hizo su amiga.

Guadalupe, ahora dueña de un pequeño negocio y madre de dos niños, expresó que su familia disfuncional fue un factor que Carreto -madre de Josué Flores-Carreto y Gerardo Flores-Carreto, sentenciados a 50 años de cárcel en abril del 2005 por cargos de prostitución forzada- aprovechó para ejercer presión psicológica sobre ella.

Sin familiares que la protegieran, Guadalupe creyó haber encontrado a una buena amiga en Consuelo, quien fingió sentimientos nobles para ganar votos de confianza.

“Se dio cuenta de mi pobreza y que nadie estaría para defenderme. Una tarde me invitó a su casa y el infierno comenzó. Me encerraron con otras niñas”, recuerda Guadalupe. “El terror psicológico y el castigo físico durante mis tres meses de cautiverio me obligó a creer que mi vida no valía nada, me quemaban el cuerpo, me bañaban con agua fría y me hacían limpiar sus zapatos con mi lengua”.

La víctima destacó que la familia Carreto usaba amenazas de muerte y terror psicológico para mantener el control sobre jóvenes mujeres y niñas.

“Muchas de ellas no sabían leer, ni escribir. Venia de lugares pobres y lejanos, a una le raparon la cabeza y la golpeaban, abusaban sexualmente de ella y de mi al mismo tiempo”.

Guadalupe, quien ahora ofrece empleo a unas 15 mujeres latinas, comentó que aunque no vivía con su familia, Carreto –originaria de Tenancingo, Tlaxcala- amenazó con asesinar a su madre y hermanos.

“Sabían cómo causarnos miedo, ellos tenían mucho poder, pagaban por seguridad. Nos hacían creer que no éramos nada, que a nadie le interesábamos”.

De Tlaxcala, Guadalupe fue trasladad a la ciudad fronteriza de Tampico, para ser prostituida en lo que describió como una “casa-hotel”, lugar del que escapó de sus captores.

“Estaban ebrios y en un descuido de ellos busqué salida por el techo de la casa y brinqué a un montón de arena. Llegué a Puebla con mi hermano viajando en autos de personas que me ofrecieron su caridad”.

Guadalupe destacó que guardó silencio y por temor no denunció la terrible experiencia a las autoridades. Luego de ser señalada en su comunidad como “esa que se prostituyeron los Carreto”, la mujer decidió migrar a Nueva York para comenzar una nueva vida.

Aterrorizadas

Cecilia Gastón, directora ejecutiva de Violence Intervention Program, de El Bronx, explicó que el terror psicológico es una estrategia común usada por los traficantes para ejercer mayor control en la víctima.

La activista apuntó que una persona con autoestima destruida tiene menos probabilidades de defenderse a sí misma y de solicitar ayuda o denunciar su estado de abuso. En este contexto, la experta destacó que se requiere de una Policía bilingüe y entrenada para identificar casos de trata.

Gastón apuntó que el perfil psicológico de la víctima de violencia doméstica comúnmente se confunde con el de la mujer explotada sexualmente, pero se podría distinguir a la víctima de trata cuando no proporciona fácilmente información debido al temor excesivo, incluso si son presionadas, podrían no identificarse como personas sometidas a esclavitud.

La activista explicó que comúnmente una víctima de trata presenta una pobre higiene personal y desnutrición, enfermedades sexuales, señales de abuso físico, ansiedad y nerviosismo, no tiene consigo documentos de identificación, vive en su lugar de trabajo o está vigilada constantemente, entre otros factores.

“Las víctimas son vigiladas incluso cuando acuden a una clínica, el proxeneta puede hacer el papel de traductor”, dijo Gastón.